Como en la revolución de 1910, siguen muriendo los indígenas en México

Hipólito Contreras

Ahora como ayer la muerte silenciosa de los pueblos indígenas sigue, el 87 por ciento de los municipios con población indígena viven en altos niveles de marginalidad, el gobierno de la cuarta transformación tiene un compromiso con ellos, afirmó Abigail Correa Cisneros, analista.

El 20 de noviembre se conmemoró el inicio de la Revolución Mexicana, en la que no se conoce el número exacto de muertos, pero que van desde un millón a dos millones, según el censo de Población de 1910 la población del país era de 15 millones 160 mil 369 habitantes y en 1921 México tenía 14 millones 334 mil 780 habitantes.

En esta guerra intestina, más de la mitad de los combatientes pertenecían a los pueblos originarios de México, sin embargo, la cantidad de los que perdieron la vida nunca se supo en realidad, porque algunos de ellos ni siquiera tenían acta de nacimiento y murieron silenciosamente.

La aniquilación que parecía haberse detenido con el triunfo de la Revolución continuó, pero más callada, la explotación, pérdida de oportunidades, abuso de empresas nacionales y extranjeras hacia las comunidades indígenas, fueron diezmando a la población de las comunidades originarias al grado de la aniquilación.

El Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA) de la Cámara de Diputados, en la LXIII Legislatura, destacó en su estudio “La Constitución de 1917: La Cuestión Indígena” que La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que se promulgó el 5 de febrero de 1917, no hubo una mención explícita y directa de los pueblos originarios, México vivió una gran transformación en todos sus órdenes.

Sin embargo, de esta Carta Magna (de 1917) “se generó un conjunto de instituciones que abarcaron y atendieron diversas esferas del quehacer político, social y económico. En ese sentido, la cuestión indígena no fue ajena. Desde el gobierno se alentaron visiones, concepciones y políticas que fluctuaron entre la integración de los indígenas a la sociedad y, en consecuencia, al desarrollo económico y social del México del siglo xx”.

El exterminio silencioso siguió avanzando hasta nuestros días, el 7 de agosto pasado, el INEGI, destacó que, de acuerdo con los datos de censos y conteos de población históricos, la tasa de hablantes de lenguas indígenas de 5 años de edad o más se redujo en casi un diez por ciento.

Expuso que, de los aproximadamente 130 millones de habitantes en México, sólo seis millones 695 mil 228 personas de 5 años de edad o más hablan alguna lengua indígena, 50.9 por ciento son mujeres y 49.1 por ciento hombres.

Los pueblos indígenas, están concentrados en los estados más pobres del país, establecidos principalmente en el sur, oriente y sureste del territorio nacional, en las entidades de Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Puebla y Yucatán, donde en conjunto aglutinan al 61.09 por ciento de la población total de habla indígena.

En las zonas indígenas de los referidos estados, si hubo Revolución no se enteraron, no se acuerdan o no les importa, las condiciones de pobreza y vulnerabilidad se vuelven cíclicas y generacionales gracias al olvido a que se les condenó por las administraciones anteriores.

Las promesas ya no las creen, la esperanza se volvió una moneda que se cambiaba en cada proceso electoral y ahora, en una nueva conmemoración del Día de la Revolución, ellos seguirán exigiendo lo mismo que hace 120 años, tierra, libertad y justicia, en alguna de las 364 lenguas o variantes lingüísticas que existen todavía en el país.

El CEDRSSA, en su investigación “La Población Indígena Como Agente Económico en los Mercados Locales” publicada este año, advierte que “La población indígena en México históricamente ha estado marcada por altos niveles de carencias sociales y económicas que denotan condiciones de mayor pobreza y vulnerabilidad en relación con el resto de la población”.

El 55.5 por ciento de la población indígena habita municipios de alta y muy alta marginalidad, mientras que 87.5 por ciento de los municipios indígenas se encuentran en condiciones de alto y muy alto grado de marginalidad, lo que refleja el grado de abandono en que se ha tenido a este sector de la población.

 

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