Gilles de Rais, el mariscal compañero de Juana de Arco, que violaba niños muertos

Khronos

La Guerra de los cien años marcó para siempre la historia de Francia e Inglaterra. Un conflicto en el que los nombres de sus protagonistas resuenan con fuerza. Como Eduardo “el príncipe negro”, o Carlos VII, el triunfador de la contienda. Sin duda, el nombre más conocido es el de Juana de Arco. Ella, la doncella de Orleans, guió a los franceses hacia la victoria. Pero solo un hombre pasó de ser un héroe a un monstruo salido del Averno. De compañero de la Santa Juana, a brutal asesino en serie. Su nombre era Gilles de Rais e inspiró el cuento de Barbazul, por sus crímenes más que por tener la barba azul del cuento…

Los inicios de Gilles de Rais: criado por un monstruo

Gilles de Rais nació a principios del siglo XV, en el oeste de Francia (1). Proveniente de una familia noble (2), su destino era educarse como futuro señor y caballero. Pero, por caprichos de la vida, se quedó huérfano a la edad de once años. Por ello pasó a la tutela de su abuelo materno (3).

El yayo era un hombre sin escrúpulos que sólo miraba por su propio beneficio. Así, descuidó la educación de su nieto, al que le dejaba hacer todo lo quisiese (4). Gilles de Rais destacó por su aptitud para el combate. Era fuerte, temerario e implacable. Junto a su abuelo, y con sólo 16 años, planeó y ejecutó el rapto de una de sus primas. El objetivo era extorsionarla bajo la amenaza de lanzarla al río Loira dentro de un saco, para que muriera ahogada como un gato (5). Tres hombres trataron de rescatarla, pero fueron encerrados en las mazmorras de la torre del castillo de Champtocé; uno de ellos incluso murió durante el cautiverio. No es de extrañar que, con el tiempo, fueran a más los crímenes de Gilles.

Un guerrero brutal y despiadado

Su abuelo  quería que llegase a la cumbre del poder francés. Para ello lo puso bajo el ala de un gran señor (6), como consejero de confianza en asuntos militares y económicos. Después, durante la Guerra de Sucesión Bretona (7), Gilles tuvo su bautizo de fuego. No sólo destacó como estratega si no que, además, se convirtió en un mortífero guerrero. Encima, estaba dotado de una talla superior a la media de la época… Así, recorría los campos de batalla repartiendo mandobles con tal fuerza y velocidad que es descrito como:

“Un furor guerrero que empuja a los hombres a primera línea de combate” (8).

Sin duda, las experiencias de la guerra no ayudaron a que el carácter de Gilles se templara. Alguno de los horribles crímenes que cometían los vencedores, son descritos así (9):

“Los soldados se apoderaban de hombres, mujeres y niños, sin diferencia de edad o sexo; forzaban a las mujeres y a las jóvenes; se llevaban a las mujeres en edad de amamantar y los niños morían faltos de alimento, cogían a las mujeres encinta y las encerraban; y entre las cadenas llevaban estas su fruto, al que dejaban morir sin bautismo y a continuación arrojaban a estas al río”(10).

El demonio y la santa

La guerra contra Inglaterra continuaba y Gilles de Rais era una estrella en ascenso. La mano derecha del rey francés (11) vio en él una oportunidad para mejorar su posición, gracias a sus éxitos militares. Así, los caminos de Gilles de Rais y Juana de Arco se cruzaron (12).

 

La Noche Para-Normal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *