* Hay que caminar, comparar y defenderse del alza salvaje de precios
Arturo Tecuatl
Comencé a indignarme desde que en una tiendita me querían cobrar 50 pesos por un garrafón de agua Bonafont. Era de esas a las que el Presidente protege para que los manchados de Oxxo no paguen menos que ellos por su consumo eléctrico.
Luego ví cómo en ese mismo changarro cobraron $24 pesos a un trabajador de la construcción por cuatro méndigos cigarros.
Si en las tiendas suben los precios ya nos jodimos, porque de seguro en supermercados tiene ya tiempo que están reetiquetando productos.
Una numerosa red de distribuidores en los pequeños negocios de abasto inculca a propietarios y dependientes subir los precios. Un litro de leche Lala deslactosda cuesta $25 pesos.
Ni se diga de las insanas canes frías, algunas como trozos de caucho con apariencia de el queso de puerco de Empacadora Mexicana.
No solo es subir brutalmente los precios sino perjudicar a la gente con el cuento de… “y lo que falta”.
Y no se trata de chairos o fifíes compitiendo por la medalla a la antipatía, sino del gremio abusivo de comerciantes determinados a hacerse ricos en esta oportunidad, luego del castigo que les significó la pandemia.
Es momento que los supervisores de Profeco comiencen a repartir multas como pan caliente a esos changarros perjudiciales, cuyos propietarios se han dedicado a hacer números alegres con el cuento de la guerra entre Rusia y Ucrania (y sin la menor idea de la razón de esa conflagración).
Creo justo pedir a las autoridades que frenen esa escalada en precios. Que las penas sean proporcionales al daño que causan a la gente.
Que el ama o amo de casa dejen el estrés de lo poco que rinde el dinero. Deveras no hay quincena que alcance ante estos abusos.
Oficialmente la inflación es de 7.5 por ciento. El gobierno federal subsidia a la gasolina absorbiendo el IEPS y esta la podemos encontrar en menos de 21 pesos, no obstante que su precio es en promedio de 21.57, diez pesos más barata de como se expende en Estados Unidos.
La inflación es un problema de todos.
Es bueno activar nuestros filtros de precios y mandar al carajo a los negocios abusivos.
En Tlaxcala hay medianos centros comerciales como La Gran Bodega, Rivera, Cubanito, uno de cuyos méritos es cuidar el bolsillo de sus clientes.
Por en contrario, Walmart, Sams, Aurrerá y Soriana, se dedican a saquear tarjetas y carteras. Tal vez en Chedraui los abusos no sean tan marcados pero algún ahorro no se desprecia.
Exhibir a estos consorcios y elogiar la labor de los supermercados de mediano tamaño son la clave para caminar un poco más cuidando los ingresos. Si son buenos felicidades. Si son raquíticos, bienvenido a la realidad.