Jorge Riosse, el asesino serial de la Merced que ha olvidado la historia mexicana

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Dentro de la historia mexicana existen heridas que aún siguen abiertas a pesar de los años, y del olvido. Los asesinatos a sangre fría siempre serán una de las más grandes debilidades de la historia mexicana, pues hasta la fecha seguimos sin comprender por completo qué fue lo que motivó a una persona a atentar en contra de otra sin el más mínimo remordimiento.

Tal es el caso de Jorge Riosse, cuyo nombre se ha ido borrando de la memoria colectiva, pero seguirá presente como el asesino de prostitutas de la Merced en los primeros años de la década de los 90.

Jorge Riosse parecía ser un tipo como cualquier otro, con un especial talento para la pintura, y el canto, además de hablar varios idiomas. Pero por la noche, su personalidad era muy distinta, pues acostumbraba vestirse como mujer y desaparecer por las calles de la Ciudad de México sin que nadie supiera a dónde iba, o de dónde venía cuando aparecía a la mañana siguiente.

Durante su esporádica aparición de Riosse como huésped de una casa ubicada en la colonia Anzures, los encabezados de los periódicos nacionales comenzaron a alertar por el aumento de homicidios de sexoservidoras de la Merced. Entre septiembre de 1991, y abril de 1993, al menos 13 mujeres fueron encontradas en hoteles de paso del entonces Distrito Federal, como Madrid, Las Vegas, Maya, Glorieta y Cuba.

En todos los casos, las víctimas eran mujeres de entre 25 y 38 años de edad, quienes eran estranguladas y luego escondidas debajo de la cama con una sábana encima, como si se tratara de ocultar el crimen cometido. Pero eso no era lo más escalofriante del caso, pues sus labiales eran usados para dejar mensajes en el espejo del lugar, a modo de advertencia.

La policía capitalina se vio en una gran encrucijada, pues su incapacidad y la presión social para localizar al culpable se hacían cada vez más grandes. Sin embargo, el 7 de abril de 1993, el último crimen contra una sexoservidora destaparia al culpable -o al menos eso parecía-.

El motel Mexicali, fue el testigo del último asesinato, pero esta vez era mucho más cruel que los anteriores, pues el asesino abrió el pecho de su víctima, le sacó el corazón, y pintó una estrella de 5 picos con símbolos extraños que nadie comprendía. Fue así que la policía capitalina dio a conocer al presunto asesino, un lavacoches de la CDMX de nombre Jorge Enrique Martínez, quien aceptó ser el culpable. Y así, la policía capitalina lograba “dar por cerrado” el caso del asesinato de al menos 13 sexoservidoras de la Merced.

Fue entonces que Jorge Riosse, parecía haberse librado de sus crímenes, pero no por mucho tiempo. El 9 de abril de ese mismo año, y una vez que se había detenido al culpable de los asesinatos de mujeres, salió a la luz una verdad que estremeció a más de uno. Jorge Riosse – quien era perseguido por la policía y herido de bala-, corría a refugiarse al cuarto de la azotea en donde eran inquilino, y en donde intentó quemar todas las evidencias que lo señalaban como el verdadero autor de los asesinatos de las sexoservidoras.

Recortes de periódicos, credenciales, y todo lo que sin duda culparían a Jorge Riosse, fueron quemados, pero en el intento de desaparecer la evidencia, él también salió perjudicado. Las múltiples quemaduras que sufrió Jorge Riosse, lo llevaron a una sala de cirugía, en donde falleció por la gravedad de sus lesiones.

Años más tarde, la cineasta mexicana Yulene Olaizola, traería a la luz la historia del asesino serial de la Merced, Jorge Riosse, en un documental llamado “Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo”, calles en donde se encontraba la casa de huéspedes que habitó Riosse, y que por casualidades del destino, era propiedad de su su abuela, quien lo conoció bien. Según lo documentado, Jorge Riosse, solía pintar a mujeres, quienes después se sabría eran retratos de sus víctimas.

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