Repensar la evaluación como parte del aprendizaje: de sujetos pasivos a sujetos más activos

Universitat Oberta de Catalunya

  • La evaluación debe ser un proceso más consciente, ejercido con mayor autonomía, democracia y ética, y acoger la diversidad y el contexto de todo el estudiantado.

Aunque la pandemia ha hecho fluctuar el ecosistema educativo de todo el mundo, la llamada docencia no presencial de emergencia en torno a la tecnología ha permitido sobrellevar la situación y valorar el potencial que tiene la digitalización educativa más allá de las limitaciones. Y, aunque en el proceso han surgido infinidad de incógnitas alrededor de cómo realizar una evaluación en línea de calidad, también ha quedado en evidencia que, más que evaluar conceptos o contenidos, lo que se debe evaluar son las competencias que desarrolla el estudiante. Así pues, “aunque estamos evolucionando desde el punto de vista conceptual, se debe generar un cambio cultural, y no solamente por parte de las instituciones, el profesorado o el alumnado, sino también por parte de las políticas, la sociedad, etc.; y eso no quiere decir que la función acreditativa de la evaluación, como la conocemos hoy, tenga que desaparecer, pero sí debe dejar de ser la más determinante”, afirma Nati Cabrera, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

En el momento de incorporar de manera intensiva la tecnología al ámbito educativo, el mayor reto que se plantea es cómo afianzar la perspectiva pedagógica de la evaluación y resolver la incertidumbre de conocer si ofrece las mismas dificultades y oportunidades con respecto a las competencias del estudiante que una evaluación presencial. “La pandemia nos colocó contra la inmediatez y la urgencia; en ese momento tuvimos que buscar soluciones, y replicamos lo que se quería hacer en la presencialidad, pero con la tecnología. Ese fue el principal error, pero fue un error inevitable: no había más tiempo de reflexionar, de pensar, de rediseñar, de entender la potencialidad que tiene la evaluación en línea más allá de reproducir patrones presenciales. Es por esto por lo que en ese primer momento la gran preocupación del profesorado y de las instituciones se centró en temas de control de identidad y fraudes”, añade Cabrera, directora del máster universitario de Evaluación y Gestión de la Calidad en la Educación Superior de la UOC.

A partir de esto, surge una nueva oportunidad para repensar la evaluación como parte del aprendizaje, que brinda al estudiante un papel diferente durante el proceso de enseñanza, uno en el cual deja de ser un sujeto pasivo, centrado en hacer únicamente lo que le indica el docente, para volverse protagonista de su proceso: “Si el estudiante se apropia del proceso de evaluación, conseguiremos que aprenda más. Los alumnos deben interiorizar que aprender también supone aprender a aprender a lo largo de la vida. Y en este proceso, la evaluación es un elemento clave”, explica la directora de la UOC.

Sin embargo, para esto, es necesario entender que la evaluación se integra en el aprendizaje y no al revés: “No puede haber aprendizaje si no hay evaluación. Pero la evaluación del aprendizaje a la que estamos acostumbrados ya no nos sirve hoy. Estamos cada vez más enfocados al contexto de aprender para aprender, y migramos hacia la evaluación como aprendizaje, un terreno que ya no es solamente del profesor, sino que es una responsabilidad compartida, de manera que debemos procurar que el estudiante también aprenda a evaluar, a evaluarse, a evaluar a sus compañeros”.

Después de varios meses de pandemia, los docentes tienen mapeada la realidad de sus estudiantes, es por esto por lo que la evaluación debe ser un proceso más consciente, ejercido con mayor autonomía, un proceso democrático y ético que acoja la diversidad, pues las circunstancias no son iguales para todo el alumnado.

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