Héctor A. Gil Müller
Tuve el privilegio de ser invitado a impartir una conferencia como parte de la semana de economía 2026, jóvenes de la Facultad de Economía, de la Universidad Autónoma de Coahuila, mi alma mater, me dieron el gran privilegio de poder hablarles, y durante un tiempo compartir mi visión del mundo con un especial enfoque en los desafíos que el derecho enfrenta en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo como el actual. Procuré no traer conclusiones a la mesa, sólo mis visiones, lo que menos hay hoy en dia son conclusiones, las pocas que habían se ocultaron tras las faldas de la incertidumbre.
Una pregunta bastante interesante se me formuló. ¿Qué podemos hacer para mejorar una elección?, la pregunta era una valiosa consecuencia de la crítica que hice en la elección judicial, en la que la seducción tenia una mayor relevancia que la competencia para los contendientes.
Muchos son los caminos que podemos advertir de esa profunda pregunta. No existe una respuesta única, porque así son las aspiraciones humanas; variables y momentáneas. Pero la perorata tomó el rumbo de la crítica y advertencia sobre los responsables de la preparación de quienes han de ser futuros servidores públicos.
La habilidad para responder nos hace voltear a quienes forman los perfiles para ocupar una posición pública, eso hacen o deben hacer los partidos políticos.
Exigir a la institución resulta, con toda lógica, el camino a seguir. La elección no es la mejor selección solamente abre un nuevo camino con unas nuevas reglas en el tablero. ¿Qué estamos exigiendo a los partidos políticos sobre las competencias de los candidatos?. En el mundo laboral la ausencia de competencias en el desempeño nos hace acercarnos a la escuela como elemento formador del talento, ¿por qué no ocurre lo mismo en la función pública?
La historia de quien busca una moneda bajo la luz de una farola aún y cuando se cayó en otro sitio pero acá estaba más aluzado nos recuerda que queremos corregir en donde no es correcto corregir, debemos exigir a la persona correcta en la proporción correcta y bajo la finalidad correcta.
Cuando criticamos el método de elección, a la persona que eligió, incluso el mismo elegido es obviar en mucho la responsabilidad de aquel que formó. La finalidad de un partido político no debería ser la elección, sino la formación para la función. La sociedad debe asumir su papel de experta en la organización de una elección y los partidos no solo en la seducción del votante, de eso se encargara el candidato, sino en la formación del recurso que habrá de contar con las cartas credenciales para la función que aspira.
Parece que en el juicio social, hemos quitado la responsabilidad de un partido político que queremos obviarlo y sacarlo del proceso. La elección azarosa o un poder judicial ajeno a los partidos políticos nos suena de avanzada cuando en realidad se trata de un retroceso en una parte medular, la certificación de las competencias. La escuela es la segunda casa cuando el hogar es la primera escuela, así también el gobierno integra sus recursos, confiando en la democracia pero como resultado de una carrera meritoria en los partidos. El partido político debe ser la escuela y no la herramienta para una elección.
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