
Excelsior
En medio del oleaje morado y verde que recorrió la Ciudad de México este 8 de marzo, un conjunto de carpas llamó la atención por algo más que sus colores: ahí, diversas organizaciones, entre ellas Mujeres Vivas, Mujeres Libres, montaron una experiencia inmersiva pensada para recordar que la libertad también se toca, se mira y se nombra.
El recorrido iniciaba bajo un túnel de mariposas de papel que colgaban como un susurro colectivo.
A los lados, espejos con mensajes impresos devolvían a cada mujer una versión de sí misma más fuerte, más acompañada.
Había muros para dejar mensajes, tatuajes temporales con consignas y espacios para conversar sin prisa.
Todo con un propósito: reunir firmas para exigir que el aborto deje de estar en el Código Penal y sea reconocido como lo que es, dicen, un tema de salud pública.
“Hablar de libertad es hablar de poder decidir”, explica Angie Contreras, vocera de Mujeres Vivas, Mujeres Libres.
“Cuando una mujer no puede decidir sobre su cuerpo o caminar segura por la calle, su libertad está siendo vulnerada. Por eso pedimos que el aborto sea un servicio de salud: información, educación sexual integral, acompañamiento sin juicios. Hoy todavía se criminaliza a quienes deciden”.
Violencia se ha multiplicado
Contreras señala que las violencias que enfrentan las mujeres jóvenes se han multiplicado: desde el acoso digital y la difusión de contenido íntimo sin consentimiento, hasta la manipulación de imágenes con inteligencia artificial, la violencia vicaria, la gineco-obstétrica y la política.
“Siempre han existido, pero ahora las nombramos. Y al nombrarlas, dejan de ser normales”.
En otra de las carpas, Herma Araujo, responsable jurídica de IPAS Latinoamérica y el Caribe, resume la urgencia regional: “El aborto sigue siendo el único servicio de salud regulado desde lo penal. Queremos que se reconozca como lo que es: un servicio esencial. Eso significa que las mujeres puedan acudir a profesionales sin miedo a represalias jurídicas, con seguridad y confianza”.
Entre mariposas, firmas y abrazos, el mensaje se repetía: la libertad no es un símbolo, es una práctica cotidiana que aún falta garantizar. Y en esta marcha, miles caminaron para recordarlo.
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