Amazonía concentra 90% del área con focos de incendio en 1er bimestre

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En los dos primeros meses de este año, el bioma amazónico concentró 90% de las áreas con incendios. En total, el perímetro afectado por las llamas fue de 487 mil hectáreas, según un informe divulgado el lunes (13) por el Monitor del Fuego, una iniciativa del Projeto de Mapeamento Anual do Uso e Cobertura da Terra no Brasil (MapBiomas), en asociación con el Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazônia (IPAM). En los dos primeros meses de 2022, el área totalizó 654 mil hectáreas.

En los seis biomas del país —Amazonia, Caatinga, Cerrado, Mata Atlántica, Pampa y Pantanal— hubo incendios en 536 mil hectáreas. Según destacó Vera Arruda, investigadora del IPAM, el área es 28% menor que la registrada en el primer bimestre de 2022.

Según la investigadora, en general, las lluvias que caracterizan los primeros meses del año, en el país, favorecen la reducción de los incendios. “Aun así, muchas hectáreas se queman en un período de más lluvias”, dice el investigador, que forma parte del equipo responsable del Monitor de Incendios.

Otra particularidad de la estación es el alto índice de ocurrencias en Roraima. El estudio muestra que los incendios en el estado consumieron hasta 259.000 hectáreas, es decir, el 48% del total identificado.

“Allí hay un tipo de vegetación que se parece más al Cerrado. No son solo bosques, como la mayor parte de la Amazonia”, explica Vera. En los estados de Mato Grosso y Pará, el fuego ha alcanzado superficies de 90.000 y 70.000 hectáreas, respectivamente. Junto con Roraima, suman el 79% de los incendios detectados por el equipo del proyecto en la Amazonia, región que comprende nueve estados.
Cerrado

El Cerrado fue la segunda zona más afectada, con 24.000 hectáreas quemadas durante el periodo. El fuego, causado por la incidencia de rayos, se produce de forma natural en la vegetación del bioma de mayo a julio. Sin embargo, la acción humana ha provocado que la vegetación arda en diversas épocas y especialmente en plena estación seca, entre agosto y septiembre.

Vera Arruda afirma que “incluso el fuego que se produciría de forma natural ocurriría de forma espaciada y no quemaría la misma zona, repetidamente. Lo que vemos, con los datos del Monitor, es que la frecuencia de áreas quemadas en el Cerrado también está aumentando. Esto no permite que la vegetación, el ecosistema, se recupere”, concluye.

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