La cartilla moral y el “Árbol que da Moras”

Ricardo Homs

ElAlazán Tostado, Gonzalo N. Santos,  revolucionario que entró a la política y llegó a ser gobernador de San Luís Potosí en 1943, decía que “la moral es el árbol que da moras”.

Hablar de moral es un tema muy complejo en una idiosincrasia tan laxa, permisiva y pragmática como la nuestra.

Si la cartilla moral se piensa que ayudará a eliminar la corrupción a través de los valores y principios, debemos recordar esta frase, totalmente cínica, de quien se autonombraba el alazán tostado.

La corrupción no se combate creando conciencia, sino poniendo candados para dificultar los negocios privados y endureciendo las penas a quienes logren su objetivo. La sabiduría popular dice que “con el arca abierta, hasta el justo peca”.

Sin embargo, el objetivo primordial de este documento, se ha dicho en varias ocasiones, es contrarrestar la crisis de valores que acecha a nuestro país.

Consideremos que en otros países los cambios de valores y de conducta han sido producto de proyectos educativos de largo plazo, alineados con estrategias complementarias. Sin embargo, en estos tiempos de la Web, las redes sociales y los medios electrónicos de comunicación, difícilmente un documento impreso, como esta cartilla, tendrá impacto entre los alumnos.

Esta obra la edita la SEP, pero está redactada en lenguaje para adultos. No está claro cuál es el perfil de lector que se persigue. Por ello, le falta la frescura, innovación en el uso del lenguaje y formas de expresión de las actuales generaciones.

Refleja las condiciones sociales y culturales de la época que fue concebida y realizada en su versión original, en 1944, por don Alfonso Reyes, un brillante intelectual mexicano. En esos tiempos la gente leía, pues apenas nacía la televisión en México y el mexicano confiaba en las instituciones públicas. Hoy las nuevas generaciones poco leen documentos impresos. Los niños y adolescentes le tienen aversión a la letra impresa.

Este documento refleja la problemática de la 4T: muy buenas intenciones, pero la ejecución desenfocada del objetivo primordial.

El diagnóstico es correcto: vivimos una crisis de valores de todo tipo. Sin embargo, las soluciones deben ajustarse a estos tiempos. El contenido de este documento son doce temas y dos resúmenes.

Los temas son: La moral y el bien; cuerpo y alma; civilización y cultura; los respetos morales; respeto a nuestra persona; la familia; la sociedad; la ley y el derecho; la patria; la sociedad humana; la naturaleza y el valor moral y concluye con dos resúmenes.

La 4T pretende resolver problemas del presente con soluciones del pasado y esa ha sido la constante en las grandes decisiones nacionales.

Sin embargo, más allá de la valoración del documento en sí mismo, los cuestionamientos principales de los críticos de esta obra se refieren a su intención. Si desde el gobierno de la

república puede generarse un proyecto moral sin afectar el principio básico de la separación del estado y la iglesia, lo cual fue la esencia del legado del presidente Benito Juárez, quien jamás dejó de ser católico aunque también fuese masón.

Sin embargo, esta controversia se remite al tema religioso.

Para valorar este cuestionamiento, antes debemos tomar conciencia de que sí existe un enfoque de la moral pública que al Estado le compete promover a través de la educación escolar. Este es el enfoque hacia la moral social, o sea aquella que tiene como objetivo formar buenos ciudadanos. Esta debe ser una visión pragmática de respeto al prójimo y la convivencia social.

Tradicionalmente la formación de buenas personas, con valores morales profundos, tendientes a una espiritualidad alineada a una visión teológica, es el reto de las iglesias. Sin embargo, el enfoque educativo de la moral religiosa debe ser una decisión familiar.

Mientras las autoridades educativas dan los lineamientos de la moral social o colectiva y la escuela el seguimiento cotidiano a la formación de buenos ciudadanos, las iglesias dan los lineamientos para la formación de mejores personas y el seguimiento formativo se da en el seno de la familia tradicional.

Quienes cuestionan la viabilidad de la educación moral a través de la escuela, sin hacer las consideraciones pertinentes, simplemente siguen los estereotipos de los dogmas políticos e ideológicos y no consideran estas distinciones.

Sin embargo, lo que no debe hacer la educación moral que proviene del estado, es tratar de influir en los valores religiosos del ámbito personal e íntimo.

Hoy vemos que independientemente de su capacidad de influir en la moral pública, la cartilla moral que promueve la 4T, en su contenido temático traspasa ligeramente la frontera que divide a la moral social de la moral religiosa y hasta parece que pretende evangelizar.

Además, desde el momento en que se decidió realizar su distribución a través de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, que preside el ministro Arturo Farela, este programa gubernamental adquiere un sesgo religioso, pues este documento pagado, con dinero público, será entregado en eventos masivos y además casa por casa por pastores evangélicos.

Esta concesión a la Confraternice que preside el pastor Arturo Farela, sí es un atentado contra el concepto de estado laico, pues siendo esta organización religiosa el vehículo de esta entrega, difícilmente los pastores no aprovecharán la oportunidad de evangelizar al tener enfrente a una familia que le abre las puertas de su hogar.

Como vemos, las buenas intenciones no siempre concluyen en buenas acciones.

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