Héctor A. Gil Müller
Sabe mucho el que camina, por más distraído que sea, dicen los sabios que de tres maneras conocemos el mundo; porque lo leemos e imaginamos, porque platicamos y lo escuchamos o porque viajamos y lo vemos. Me siento honrado de afirmar que en México he impartido alguna clase o conferencia en 30 de los 32 estados de la república, he viajado mucho. He tenido el alto privilegio de conocer, por asuntos profesionales también diversos países, he conocido países que se duele por el lastre que se ha estigmatizado del subdesarrollo y también otros reconocidos como desarrollados.
Hay algo más que nuestra definición económica del desarrollo, el dinero no lo es todo. Como dijo alguien; el dinero no da la felicidad y menos si es poco. Si es muy importante, porque alguien ha etiquetado un precio a las necesidades mínimas en algún lado. Pero sin duda alguna, no solo el dinero es la advertencia para construir un país que ha sido herencia bendita.
Desde el aeropuerto en Viena, marcado por la elegancia de sus usuarios y muchos slogans publicitarios que advierten que en Austria no hay canguros y que en verdad, cuenta con una oficina de atención para viajeros que queriendo llegar a Australia erraron la dirección. La música de mozart resuena en el aeropuerto, una experiencia cosmopolita llena de idiomas, estilos, vestuarios y siempre música.
En Austria entendí lo que significa que los bosques abracen las ciudades, el cuidado ambiental es una prioridad y no solo como política pública sino como instrucción personal, los limpios lagos permiten ver el fondo subacuático y expresan que una cosa es dominar y otra es custodiar. La tapa de cualquier botella de plástico no se aparta por completo de la botella. Así como nosotros cambiamos las velas de un pastel, sobre las que podíamos apagar y pedir un deseo, quizá también en algún momento tomamos la decisión que la tapa y la botella se separarán, quizá con eso mal aprendimos que la basura no se suma, se multiplica.
Tomaron el idioma alemán y lo hicieron propio, un dialecto que se adapta a un estilo. Entre las palabras mejores está: “Mahlzeit” usada para desear un buen provecho, pero reutilizada para traer a alguien un buen momento, no se limita su uso para la hora de comer, sino en cualquier momento del día. Un americano me dijo, los austriacos tienen en alta estima a Mozart, su música se escucha en todas sus tiendas, sus vestuarios se exhiben en toda publicidad, sus chocolates endulzan cada momento y hasta para comer se dicen “mooozart”.
Una extraña práctica al inicio, pero envidiada a los pocos días de disfrutarla, para quienes tenemos erradas las prioridades, es que a las 6 de la tarde todo cierra, los trabajos terminan, los comercios se apagan, los negocios se resguardan, porque, de no hacerlo así, ¿Cuándo se pasa tiempo con la familia? Me contestó un colega. Es impactante ver, en ciudades modernas de alto bullicio durante el día, la plácida serenidad al atardecer del sol.
En nuestra historia el único mandatario que habló Náhuatl fue Maximiliano de Habsburgo cuyo interés por la cultura Mexicana lo hizo contratar lingüistas para estudiar la lengua. Tenemos muchas ventajas en México y podemos perderlas si el enfoque es el errado, las pequeñas cosas que hacen de la vida lo vital y que cambian los minutos en momentos.
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