Staff/RG
Esta videoinstalación de dos canales es el resultado de una residencia realizada por el artista en Casa Wabi (Puerto Escondido, Oaxaca), donde la arquitectura de concreto de Tadao Ando dialoga con la exuberancia natural de la región.
Meyenberg colabora con un grupo de jardineros de la residencia, quienes también son músicos de la Costa Chica. Juntos emprenden una procesión fúnebre doble: una caminata por la estructura arquitectónica y una travesía en lancha por la Laguna de Manialtepec, zona afectada por la desecación y el desarrollo turístico.
La pieza explora los dejos de violencia colonial y la explotación ecológica. Los músicos interpretan una pieza de origen europeo intervenida, que se funde con la imitación de graznidos de aves —tanto de las presentes como de aquellas que han dejado de migrar—. Las barras de colores que portan funcionan como una codificación visual de estas especies desaparecidas.
El título de la obra proviene del Diario de a bordo de Cristóbal Colón. La frase, pronunciada horas antes de avistar América, alude a un canto que, para los marineros significaba esperanza, pero que históricamente marca el inicio de un brutal proceso de colonización.
You may also like
-
Chichén Itzá reabre sus puertas tras casi dos semanas del conflicto con artesanos
-
Puebla entra por primera vez a la Guía Michelin con seis restaurantes
-
Reportaron museos una afluencia conjunta de 52.2 millones de visitantes durante 2025
-
La convivencia en paz también se aprende leyendo
-
Gol-e-Arte llega al Metro de la Ciudad de México: arte, fútbol y causa social en movimiento