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En un contexto de reconfiguración del comercio global, América Latina tiene una oportunidad relevante de crecimiento si traduce sus ventajas estructurales en resultados concretos, expuso Marcelo Estevao, Economista en Jefe y Director General de Investigación del Institute of International Finance (IIF), durante su participación en Norte Económico, el podcast de Grupo Financiero Banorte.
De acuerdo con Estevao, el contexto internacional actual está caracterizado por una economía global que, si bien evita una recesión sincronizada, enfrenta una fase más frágil y desigual. Este escenario, explicó, abre oportunidades para América Latina, particularmente en medio de tendencias como el nearshoring, la disrupción tecnológica y los cambios en las cadenas de suministro.
El especialista señaló que el potencial de la región no es automático y depende de una estrategia clara basada en factores clave. Destacó cuatro palancas fundamentales: estabilidad macroeconómica, desarrollo energético, integración con América del Norte y mejoras en productividad.
En este sentido, la estabilidad macroeconómica se mantiene como condición necesaria. Estevao advirtió que sin credibilidad monetaria y fiscal es difícil atraer inversión que realmente transforme la capacidad productiva. En este sentido la región inició 2026 con fundamentos relativamente sólidos, lo que favorece la atracción de inversión.
En materia energética, resaltó que el nuevo contexto global eleva el valor estratégico de los recursos con los que cuenta América Latina. “En un mundo donde la seguridad energética volvió a valer más, América Latina tiene activos muy importantes: petróleo y gas en algunos países, renovables en muchos y minerales críticos en varios”, indicó.
Asimismo, destacó el papel de México dentro de la integración regional, al contar con una posición privilegiada en la vinculación manufacturera y de servicios con América del Norte. No obstante, advirtió que la relocalización de cadenas exige más que proximidad geográfica. “América Latina no debe hablar de nearshoring como si fuera una ola inevitable, sino como una competencia”, puntualizó. Este fenómeno implica ofrecer condiciones concretas: infraestructura, logística eficiente, certeza regulatoria, talento y capacidad de proveeduría local.
La productividad completa el cuadro. “Sin eso, el capital llega, pero no transforma”, señaló, al enfatizar que el reto es convertir la inversión en mayor valor agregado y en una integración más profunda a las cadenas globales de valor.
En paralelo, el bajo nivel de comercio intrarregional evidencia un amplio margen de oportunidad. Actualmente, el intercambio dentro de América Latina representa 15% del total, cifra por debajo de Asia y Europa, lo que limita el potencial de escalamiento productivo.
Así, el nearshoring no debe entenderse como una inercia derivada de tensiones globales, sino como una competencia. La región, y particularmente México, tiene condiciones favorables y su capacidad de capitalizar esta coyuntura dependerá de decisiones estratégicas.
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