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Las cifras dimensionan la magnitud del desafío. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), una sola consulta a modelos de inteligencia artificial generativa requiere aproximadamente 2.9 vatios-hora, casi 10 veces más que una búsqueda tradicional en internet.
Este consumo se multiplica a escala global. De acuerdo con la consultora Ciena, 43% de los centros de datos en el mundo estarán dedicados al procesamiento de inteligencia artificial en los próximos años, lo que incrementa la presión sobre la infraestructura energética y eleva el consumo energético de data centers de forma sostenida.
“El verdadero desafío de la inteligencia artificial no está solo en su capacidad de cómputo, sino en cómo descarbonizamos la infraestructura que la hace posible. Sin energía limpia, eficiente y gestionada de forma inteligente, el crecimiento de la IA será insostenible a largo plazo”, señala Sergio Prado, Director Ejecutivo de Greening en América del Norte.
IA, centros de datos y energía: un riesgo estructural para la competitividad
En México, el crecimiento de la IA avanza en paralelo a una expansión acelerada de la infraestructura digital. El país se ha consolidado como uno de los mercados más atractivos de América Latina para centros de datos, impulsado por su cercanía con Estados Unidos, talento técnico y demanda empresarial. Sin embargo, la transición energética no ha avanzado al mismo ritmo, lo que vuelve al impacto ambiental de la IA un tema de competitividad nacional.
Un estudio de la UNAM, basado en datos del Censo Económico 2017 del INEGI, estima que los centros de datos ya representan alrededor del 0.41% de las emisiones de CO₂ en México, una proporción que crecerá conforme aumente la capacidad instalada y la adopción de servicios digitales basados en IA.
Este escenario se agrava si se considera que, en 2024, solo 23.4% de la electricidad generada en México provino de fuentes limpias, según la Secretaría de Energía. La combinación de mayor demanda eléctrica, mayor consumo energético de data centers y una matriz con baja penetración renovable introduce un riesgo estructural para la inversión digital de largo plazo.
Aun así, el potencial económico del sector es contundente. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Data Centers (MXDC), México proyecta una inversión directa de 9,200 millones de dólares y una inversión indirecta de 27,500 millones de dólares hacia 2029, lo que contempla el desarrollo de alrededor de 74 nuevos centros de datos en los próximos cinco años, y una suma de 1.5 GW hacia 2030 al Sistema Eléctrico Nacional.
Para Prado, el éxito de estas inversiones dependerá de responder una pregunta que hoy ya evalúan inversionistas y corporativos globales: cuánta energía consume la inteligencia artificial y cómo se gestiona ese consumo de forma limpia, estable y competitiva. “Si un centro de datos no puede garantizar energía limpia y confiable, pierde competitividad frente a otros mercados. Hoy, la energía es un factor decisivo para atraer inversión digital”, advierte.
Descarbonización digital: la nueva condición del negocio tecnológico
En este contexto, la descarbonización dejó de ser una aspiración reputacional para convertirse en un requisito de negocio. Gigantes tecnológicos como Amazon, Google y Microsoft han fijado metas para operar con energía 100% libre de carbono entre 2030 y 2040, condicionando su cadena de suministro y decisiones de ubicación.
Frente a esta presión, el autoconsumo y la generación distribuida ganan relevancia como herramientas para reducir dependencia de la red, estabilizar costos y mitigar riesgos operativos asociados al impacto ambiental de la inteligencia artificial.
Sin embargo, la generación renovable por sí sola no es suficiente. Aquí es donde el almacenamiento de energía en baterías (BESS) se vuelve un habilitador crítico de la transformación digital. Lejos de ser solo una batería, los sistemas BESS permiten almacenar energía solar para su uso nocturno o durante picos de demanda, estabilizar el suministro y garantizar continuidad operativa.
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