Escritor Bayardo Quinto Núñez
Bayquinú
En el vecindario el viento le sonreía a la vida y en su cuerpo abrazaba a los árboles, para entregarle aquel mensaje milenario. En tanto, la cabina telefónica ubicada en el parque de Guadalupe timbraba y nadie acudía a atenderlo. Ya eran las siete de la noche, y el rocío del ambiente había humedecido las bancas, el piso y las hojas de los árboles.
La gente pasaba y animadamente observaba hacia la cabina telefónica, en esta ocasión, en su interior había un señor encendiendo un cigarrillo, era un señor de edad, entrecano, finamente vestido. Comenzaba a caer una brisa, los relámpagos que encendía el cielo lo hacían multicolor, era un maravilla verlo encendido del alma misma de la madre naturaleza. De repente a José se le alumbró el cerebro y rápidamente se preguntó:¿Seré capaz de hacerlo? En ese preciso momento pasaba una muchacha vestida de ropa sport, que portaba un bolso negro, de tez blanca y cabello amarillo.
-Señorita, permítame un momento- suplicó José-.
-Sí caballero, en qué le puedo servir-repuso la señorita-.
-¿Podría hacerme el favor de llamar a este número telefónico y pregunte por Sonia?-le señaló José-.
-¿Acaso usted personalmente? no puede llamar-.
-Sucede que Sonia es mi novia y sus tíos no quieren verme ni en pintura, y si llamo y escuchan mi voz no la van a poner al teléfono, en cambio, si escuchan una voz de mujer, pensarán que es una amiga-explicó José-.
-¡Ah!, ahora entiendo! con todo gusto voy hacerle el favor-adujo la señorita.- En esos instantes el frío era grosero, la llovizna caía verticalmente y a enormes gotas dispersas. La joven entró a la cabina telefónica y se logró comunicar con Sonia, y cuando le dijo que hablaba de parte de José, ésta pidió que se lo pusiera inmediatamente. José tomó el auricular un poco nervioso, pero con ansias de escuchar la voz de su novia.
-¡Hola!, ¿Cómo estás Sonia?-le preguntó José-.
-Mal porque no he podido verte, mi tío me ha prohibido que te vea-exteriorizó-Sonia-.
-Olvídate de tu tío, el amor que nos tenemos no lo puede detener nadie-inquirió-José-.
-Lo sé perfectamente, pero mi tío ha recibido instrucciones de mis padres, no me dejan salir ni recibir llamadas de varones, entre otras cosas-triste respondió Sonia-.
-Tranquilízate, quiero que salgamos mañana, te espero a las tres de la tarde en la calle que tú sabes-le expresó José-.
-Está bien, espera, es seguro que llegaré-así será mi vida balbuceó Sonia-.
Al día siguiente los enamorados se encontraron en el lugar señalado, tomaron un taxi y se fueron lejos, y como los dos andaban poquísimo dinero, y querían disfrutar de la vida, Sonia empeñó una cadena de oro que portaba y un hermoso reloj Citezen para invitar a comer a su amado José. Entonces, José disimuladamente expresaba: “No crees, puedes tener problemas por esto”
-No, voy a decir que me robaron-arguyó Sonia alegremente-. Con el dinero en mano y con gran felicidad que les carcomía el alma, fueron al Restaurante Hotel en un taxi, cenaron, estaban de lo más felices, dialogaban acerca de su errante amor. Luego alquilaron una habitación, pasaron horas tras horas…, todo era sospechoso por la tardanza, se escuchaba el sonido de voces del televisor y al vencimiento del tiempo, casi de madrugada, los dueños del Restaurante Hotel sospecharon que algo malo había sucedido, y con llave maestra en mano abrieron la habitación, porque no respondían al llamado insistente de la puerta, y cuál fue el susto, ver a la pareja desnudos y tilintes en la cama, con dos manuscritos pegados en la cabecera de la cama. La nota de Sonia decía: “Prefiero morir al lado de mi amado, pero nunca voy a permitir que mi familia mate el sentimiento, alma y amor que le tengo a José”. Y el otro manuscrito decía: “He aceptado morir por este amor que le tengo a Sonia y cuando las campanas repiquen y repiquen por la muerte de ambos, nuestro amor se habrá consumado para la eternidad, todos nos comprenderán”.
Cuando los familiares de Sonia se enteraron de lo acaecido, hasta ese momento comprendieron el inmenso error y lloraban a raudales, no se perdonaban el atropello. Así con ese dolor vivieron el resto de sus vidas, el tío murió hidrópico de tanto licor, el papá y mamá de Sonia, les dio infarto cardíaco a los siete meses del suceso. Y ahora las tumbas de ambos novios brilla preciosos jardines de flores exquisitas.
Micro Autobiografía: Bayardo Quinto Núñez (Bayquinú) ha publicado veintiséis (26) Libros: Ensayos; Opiniones diversas; Pohemas; Cuentos; Relatos; Minicuentos; Novelas Cortas; y tiene varios libros escritos inéditos, y otros que va escribiendo, los cuales en su momento si hay oportunidad saldrán a la luz pública, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Abogado y Notario Público; Instructor Deportivo en Baloncesto, Escritor; Pintor; estudio Siempre Música, Artesano del Calzado, y tras su ardua experiencia en medios escritos de gran trayectoria en Nicaragua, como ¡El Nuevo Diario y Diario La Prensa, Columnista Internacional, y Nicaragüense.
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