Perfecta para romper, no para encajar

Entrevista a Eva María Pérez Llano

Por José Luis Ortiz Güell

La primera vez que Eva María Pérez Llano desfiló como modelo curvy no sólo tenía sueños también un coraje fuera de lo normal para luchar por la causa de la diversidad en un mundo encorsetado como el de la moda.

Esta no es la historia de una modelo que buscó encajar. Es la de una mujer que rompió el molde.

Eva no esperó permiso para existir y brillar en la industria de la moda: la atravesó.

No pidió que la nombraran bella. Se convirtió en referente.

Y hoy no necesita explicación: su carrera es la prueba de que cambiar las reglas también es una forma de belleza

Décadas después , sentada frente en su apartamento en Madrid, junto a su inseparable “Coco” , sin focos, sin maquillaje, sin nada que ocultar, Eva no habla de diseñadores ni de portadas. Habla de la constancia, la rebeldía y del éxito como una fuerza arroladora y del cuerpo como un campo de batalla que, por fin, ha dejado su marca, su referencia.

¿Cómo recuerda la primera vez que supo que sería distinta? No solo por su talla, sino por la ruptura que suponía al sistema.

Lo supe muy joven. No fue un momento concreto, fue una acumulación de miradas, comentarios y silencios. Entendí pronto que mi cuerpo no encajaba en el molde que la moda exigía. Pero también entendí algo más importante: yo no había venido a encajar, había venido a abrir espacio. Nunca encajé en moldes… y todo lo que he conseguido ha sido precisamente por no encajar. Eso que muchos veían como un defecto terminó siendo mi marca.

2 — Las marcas de la discriminación rara vez aparecen en la portada de una revista. ¿Cuál es la cicatriz que convirtió en motor de cambio?

La cicatriz más profunda fue sentir que tenía que justificar mi existencia constantemente. No bastaba con ser profesional, tenía que demostrar el doble por mi talla. Hubo momentos de escasez, de no tener para comer, de sentirme invisible. Pero esa herida se transformó en fuerza. Cada “no” que recibí me empujó a crear mi propio camino. Convertí la vergüenza en voz, y esa voz hoy representa a muchas mujeres.

3 — El documental ‘Donde el viento me lleve’ muestra mujeres reales que cruzan fronteras invisibles. ¿Cuál fue el momento de la grabación que más la conmovió y por qué?

Durante la grabación no conocía las historias de las demás mujeres; las descubrimos el día del estreno. Lo que más me conmovió fue revivir mi propia lucha. Recordar el principio, los momentos de vivir en la calle, de no tener para comer, de sentir que siempre tenía que luchar más que una talla normativa. Intentar que los diseñadores vieran más allá del cuerpo. Todo eso dejó huellas internas. Cuando lo recuerdo, es como una herida que nunca termina de cerrarse, pero también es la prueba de que sigo aquí.

4 — Hoy la belleza y la diversidad se debaten a diario. ¿Cómo imagina el periodismo y la moda en el siglo XXI?

Sueño con una moda que deje de pedir permiso para incluir. La diversidad no debería ser una tendencia, debería ser normalidad. El periodismo tiene el poder de contar historias reales, no cuerpos perfectos. Imagino un futuro donde las niñas no crezcan odiando su reflejo, sino reconociéndose en él.

5 — ¿Cuál es el mayor sueño que aún le queda por cumplir? ¿Y el mayor miedo que ha conseguido derrotar?

Mi mayor sueño es seguir trabajando desde la verdad, abrir más puertas para otras mujeres y construir una vida en la que pueda respirar sin pedir perdón. El mayor miedo que derroté fue el miedo al rechazo. Aprendí que no gustarle a todo el mundo no es fracaso, es libertad.

6 — Al protagonizar el documental compartes pantalla con otras mujeres valientes. ¿Qué te une a ellas desde la emoción?

Nos une la resiliencia. Todas hemos sentido el peso de ser juzgadas por el cuerpo, pero también la fuerza de seguir caminando. Hay una hermandad silenciosa entre mujeres que han sobrevivido a la crítica constante. Nos reconocemos en la mirada.

7 — En entrevistas has dicho que ser juzgada primero como mujer y luego como profesional fue un reto constante. ¿Cómo transformaste ese dolor en fuerza colectiva?

Entendí que mi historia no era solo mía. Cuando hablo, hablo por muchas. Transformé el dolor en discurso y el discurso en acción. Cada campaña contra la anorexia y la bulimia, cada pasarela, cada portada, fue una forma de decir: existimos y merecemos espacio.

8 — ¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje tras dos décadas desafiando prejuicios?

Que la belleza no es una talla, es una presencia. Aprendí que la autoestima no llega de fuera, se construye dentro. Y que ser diferente no es una carga, es una responsabilidad: la de abrir camino.

9 — Si pudiese abrazar a la Eva niña que dudó frente al espejo, ¿qué le susurraría hoy?

Le diría: no te rompas intentando gustar. Tu fuerza está en quedarte contigo. Un día entenderás que tu cuerpo no era el problema, era la mirada del mundo. Y esa mirada también se puede cambiar.

Una última confesión: ¿cómo sueña ser recordada?

Como una mujer que no pidió permiso para existir. Como alguien que convirtió su diferencia en bandera y su dolor en camino. Y como una voz que ayudó a otras a levantarse.

Esta no es la historia de una modelo que intentó encajar.

Es la de una mujer que cambió el espacio para poder existir en él.

Eva no pidió permiso para ser vista: construyó su lugar.

Esta no es la entrevista de una modelo que intenó encajar en el encorsetado mundo de la moda. Es la confesión de una mujer que durante décadas transformó un mundo, una industria y un espacio para poder existir en él.

Eva María Pérez Llano ha desfilado para las mejores casas del mundo y en las mejores pasarelas del mundo. Ha sido portada de las más importantes revistas de moda y hoy su trayectoria no necesita explicación, porque su presencia ya es historia.

Ella sonríe. Y por primera vez en la entrevista, no posa.

Porque Eva ya no es sólo la modelo. Es la mujer que no sólo construyó su mundo, sino que cambió el mundo de la pasarela.

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