Bitácora de futuro: Panacea para larga vida

Escritor Bayardo Quinto Núñez

Bayquinú

El papá de don Juan Bernabé era un anciano que pasó su mayor parte de vida dedicado a sus trabajos de comercio. Él había visitado con frecuencia muchos países, había adquirido inmensas riquezas y una sabiduría valiosa al extremo que siempre argüía que sus riquezas no le preocupaban lo más mínimo. Gustaba oír cantar a su hijo Juan Bernabé, después que finalizaba de cantar le regalaba dinero. En una ocasión le dijo canta, Juan cantó y le regaló muchas tierras. Hijo, haz tonterías que te diviertan, no te fastidies de nada.

El anciano padre se complacía ver a un hombre joven, como su hijo Juan Bernabé, era el amor paterno, empero, a la edad de 80 años se enamoró de un ángel de paz y de belleza.

En este tiempo, en una residencia, fuera de la plácida ciudad. Agasajaba don Juan Bernabé en una noche de invierno a un potentado de la casa del sector norte. En ese momento había una fiesta, era un maravilloso espectáculo de riquezas, la asistencia de caballeros y damas, que, sólo un gran señor como el ahora don Juan Bernabé podía disponer.

Se encontraban sentadas bellas damas alrededor en una mesa de bronce bien iluminada, con velas aromáticas, conversaban suavemente, rodeadas de obras de arte, cuyas piezas mármoles sobresalían en las paredes, y contrastaban con las preciosas alfombras egipcias, y de otros países, resplandecientes de oro y abultadas de piedras preciosas que brillaban como luceros en una noche azabache, y como aquellos ojos chispeantes

Todas eran tan diferentes unas de otras como su notable belleza. No había ningún tipo de discordias, con palabras, ni en las ideas; el aire asombrosamente hacia una espléndida mirada como de soslayo haciendo algún gesto, empero, el tono, servían a sus palabras como criterios lascivos, melancólicos o irónicos.

-Una de las damas expresaba: “percibo que mi belleza anima el corazón helado de un hombre viejo”.

-Adoro estar recostada sobre estás hermosas almohadas pensando en aquellos que me adoran-dijo otra dama. Y, una tercera, debutante en la fiesta, parecía ruborizarse. Sin embargo, en mi corazón siento remordimientos, soy católica, y temo al infierno, amo tanto, que podría sacrificarte o sacrificarme la eternidad.

-La cuarta, se servía otra y otra copa de vino seco, viva la alegría con el nacimiento cada aurora, pues desde ahí tomo una nueva existencia, olvido el pasado, ebria todavía del encuentro de la víspera, y severamente agoto la mayoría de las noches, felicidad, una vida llena de amor. La mujer sentada junto a don Juan Bernabé la observaba con ojos llameantes. Eso si. Guardaba silencio.

-Don Juan Bernabé pensaba furtivamente: “No me confiaría a unos sicarios matar a mi amante, si me abandonara, por su mano convulsa milagrosamente esculpida”.

-¿Cuándo serás mi mujer?-preguntó sibilinamente y en voz bajísima uno de los invitado el señor Pedro, con una expresión de alegría asesina en los dientes y de delirio báquico en los ojos-.

-¿Cuándo morirá tu padre?-arguyó riendo y arrojando un ramo de flores a don Juan Bernabé con un gesto ebrio y alocado una “inocente jovencita” acostumbrada a jugar con las cosas sagradas de los sentimientos-.

-No hables de eso, sólo existe un padre eterno, y la fortuna ha querido que sea yo quien lo tenga-exclamó el joven y hermoso don Juan Bernabé-. Las cinco prostitutas, los amigos de don Juan se lanzaron un grito de horror. Trescientos años más tarde las personas de buen gusto hubieran reído ante esta bajeza ocurrente. Quizás, al comienzo de una orgía las almas tengan lucidez. A pesar de la luz de las velas, candelabros y el fluido eléctrico de los tiempos, las voces, pasiones, de los vasos o cubiertos de gala, el vapor de los Vinos, Ron, Cervezas y platillos exquisitos. A pesar de las mujeres más arrebatadoras, quizá hay o existió en el fondo de los corazones, una pizca de vergüenza, que, lucha hasta que la orgía le arrebata el oxigeno con las últimas oleadas del licor ardiente-respondió don Juan Bernabé-.

Desafortunadamente esos corazones estaban más que marchitos, con ojos torpes, y la embriaguez estaba según la expresión hasta los confines de la mente, en aquel instante de silencio abrió una puerta, Dios hizo acto de presencia y apareció diciendo con voz cavernosa, estruendosa, estas palabras: “su padre se está muriendo”.

Don Juan Bernabé se puso en pie expresando a sus invitados: “lo siento esto no siempre suele suceder, que desgracia”.

-La muerte de un padre sorprende a constantemente a las personas en medio de lo hermoso de la vida, y/o en el seno de las locas ideas de algarabía, entre orgías y fiestas La muerte es tan repentina en sus caprichos como es una prostituta en sus quehaceres; sin embargo, es más fiel, pues, nunca engaña a nadie, simplemente ese es su trabajo social-expresó uno de los invitados José Jacinto-.

Don Juan Bernabé trancó la puerta de la sala y atravesó una larga galería fría y oscura, hizo un gran esfuerzo con actitud teatral al discurrir en su papel, la noche era negra. Entonces, el silencioso sirviente Fulgencio, conducía a don Juan Bernabé hacia al lugar del mortuorio, de modo que la muerte, ayudada por el frío, la pasividad del silencio, la oscuridad, pensó algunas reflexiones en el alma, quedándose pensativo, como quien se dirige a una celda presidiaria. Así fue transcurriendo el tiempo.

Al ahora don Juan Bernabé le dio vergüenza estar a orilla del lecho de su padre en víspera de su fallecimiento, pero, sigilosamente se presentó con un ramillete de meretrices y/o prostitutas, aún se le conservaba en el pecho, y su vestuario el perfume de la fiesta y el olor a Ron.

-Te divertías, disfrutaste-exclamó el anciano padre al ver a su hijo-. En ese momento como un acorde musical Juan Bernabé y la melodía violinista dominó el bramido y resonó en el féretro, no te quiero aquí hijo, le dijo con voz fina y ligera. Todo era imaginación en los recovecos y paredes de la mente, nunca le digas a nadie fui yo…, estaban catastrófica mente equivocados.

Micro Autobiografía: Bayardo Quinto Núñez (Bayquinú) ha publicado veintiséis (26) Libros: Ensayos; Opiniones diversas; Pohemas; Cuentos; Relatos; Minicuentos; Novelas Cortas; y tiene varios libros escritos inéditos, y otros que va escribiendo, los cuales en su momento si hay oportunidad saldrán a la luz pública, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales; Abogado y Notario Público; Instructor Deportivo en Baloncesto, Escritor; Pintor; estudio Siempre Música, Artesano del Calzado, y tras su ardua experiencia en medios escritos de gran trayectoria en Nicaragua, como ¡El Nuevo Diario y Diario La Prensa, Columnista Internacional, y Nicaragüense.

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