Apizaco, Santa Ana y ahora Zacatelco. El terror de los colombianos se apodera de los municipios

Arturo Tecuatl

A la economía resquebrajada a causa de la pandemia la agobian las deudas. En todos los estratos hay crisis, pero se ensaña con las familias más pobres, entre dos frentes inmediatos para paliar su urgente necesidad de contar con dinero en efectivo.

De manera inmediata acuden a decenas de casas de empeño que les prestan con intereses leoninos y se quedan -con su cconsentimiento- con herramientas, celulares, muebles, motos o autos, cualquier cosa de valor que en unos meses sserán ematados ante la imposibilidad de cubrir intereses y capital.

Pero, ¿qué ocurre cuando ya no se cuenta con enseres susceptibles de empeño?

Del mismo infierno surgen los grupos de la usura violenta: “los colombianos”, bien conocidos en municipios como Apizaco Huamantla o Chiatempan y con fecha relativamente reciente en Zacatelco.

No tienen alma. Solo la orden expresa de cobrar a diario intereses en un ilegal sistema conocido como “gota a gota”.

Suelen ir en parejas abordo de motocicletas y contar con una extraña coordinación con las policías municipales, lo que les permite agredir, intimidar, herir o asesinar a sus víctimas, sin ser arrestados, pese a sorprenderlos en flagrancia.

Son el último eslabón de una manifestación de crimen organizado con una variedad inaudita de técnicas para robar, atracar, vaciar casas y, en este caso que nos ocupa. una usura que debiera llamar la atención de las autoridades superiores, pues existe la fundada ssospecha de que cuentan con la protección de alcaldes a quienes incluso habrían financiado sus campañas electorales.

Es célebre la extraña donación de 3.5 millones de pesos (mdp) a un cierto candidato a alcalde, al cual después refaccionarían con 11 mdp para garantizar su triunfo en las urnas. ¿Cómo? Muy facil: comprando cientos, miles de votos.

En CChiautempan ueron terroríficas las incursiones de “colombianos” en pleno tianguis donde caían víctimas abatidas por los demonios que ddesaparecían en motos corrientes.

En Apizaco, cobradores o cobradoras, con apariencia hasta débil, pero con vigilantes armados a prudente distancia, tienen rutas trazadas para recolectar miles de pesos, de poco en poco… gota a gota.

¿Por qué no actúa la Fiscalía General de la República (FGR)? Debido la ausencia de denuncias.

¿Y la Guardia Nacional? Bueno, estos grupos de sedicentes colombianos operan con la efectividad del bajo perfil. Solo sus víctimas los identifican.

Y colaboran aterrorizados, pues saben que el incumplimiento de pago de intereses les puede costar la vida.

Incluso, liquidar la deuda antes de lo pactado para esos desalmados no cabe, pues ellos le hallaron la cuadratura al círculo del cobro diario. A la misma hora.

Hasta con una cara sonriente del o la recolectora. Y tremendas pistolas, listas para recordarles que no tienen más alternativa que entregar su dinero.

Hace poco fue notoria la irrupción de cinco patrullas nuevas en Zacatelco. Llegaron con la sirena encendida y fueron objeto de dos mensajes muy claros. La sobreactuada participación de un alcalde, sorprendentemente adelantado a una acción… muy positiva, como la adquisición de 5 patrullas Mitsubishi nuevas y equipadas. ¿Cómo le hizo?

Su antecesor, Tomas Orea Albarrán difícilmente le habrá dejado algún dinerito en caja. Todo lo gastó arrendando patrullas y camiones recolectores.

¿Pidió un crédito el nuevo alcalde?, ¿Tiene manera de probarlo ante el Congreso, si lo llegaran a citar?, ¿tienen los colombianos algo que ver en la adquisición de las mencionadas patrullas?

¡Por Dios!, en qué estado vivimos, con autoridades que se auto rentan patrullas, que saquean presidencias municipales, se quedan con muebles y equipos, reprueban sus cuentas públicas y ahí andan impunes y contentos, millonarios y poderosos, intocables, haciendo política.

¿Llegó esta nueva epidemia a Zacatelco?

Creo que es un llamado a tiempo a la superioridad para aplicarse a fondo, dejar los discursos de paja y hacer algo por las familias en la miseria, devoradas por pirañas en aguas turbias que aparentan ser puras.

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