En el día de la mujer

Fauna Política

Por Rodolfo Herrera Charolet

En 1934 cuando nació mi padre aún las mujeres eran consideradas adornos, es cierto que la vida no fue fácil para Rodolfo, pero le fue mejor si hubiera sido mujer. Millones de mujeres en el mundo eran objetos o vientres para procrear hijos, amas de casa, amantes, esposas o simplemente pirujas. La sociedad de aquella época pensaba que las mujeres no tenían derechos ni ambiciones, para encontrar un futuro distinto a su desgracia tenían que marcharse lejos, otras tenían que enfrentarse a una sociedad machista y retrógrada. Millones de mujeres eran abusadas y ultrajadas dieron a luz a hijos sin padre, al final todas, ricas o pobres querían un respiro de libertad y si para conseguirlo tenían que romper la ley, afrontaron las consecuencias, terminaron sus días en alguna cárcel, apedreadas o simplemente asesinadas.

Desde la Revolución de 1910 hasta 1934 las mujeres se encontraban sublimadas en el mito, en la sociedad participan siempre como un sujeto subordinado en razón de su biología (Tuñón, 2004) en momentos violentos. Como también en la reorganización del país, durante varias décadas algunas mujeres lucharon por el cambio de las relaciones entre géneros, sin embargo la gran mayoría prefirieron la comodidad de lo ya conocido, de lo que la sociedad “mandaba”, de lo que las madres replicaban a sus hijas e hijos. Así que la tradición feminista era reciente y era mayor el condicionamiento. Las mujeres del siglo XX y en especial en las primeras décadas padecieron de las ambigüedades de un nuevo régimen social, en donde uno no concluía su nacimiento y otro no terminaba de desaparecer. Los varones seguían tutelando, al menos de palabra, los derechos de libertad, igualdad y ciudadanía. Sin embargo la transformación de la sociedad que caminaba lento, aún propiciaba la inequidad social con visión de subordinación, bajo el concepto de “propia de su sexo” y por ello “natural”. Las madres de 1934 aún construían la “identidad femenina” desde la infancia y para toda la vida, en un proceso de conformidad y auto aceptación, permitiendo el abuso y las relaciones inequitativas y desiguales.

La madre de mi padre no actuaba más allá de sus límites de identidad, para no ser una mujer que diera mal ejemplo a las demás, reforzando la actitud machista de su esposo de separarla de su familia, cercarla o desprestigiarla, para que finalmente en resumen fuera el vientre productivo de otros cinco vástagos y una más de otras tantas mujeres que procrearon hijos.

Así que a la llegada de don Lázaro Cárdenas a la presidencia en 1934, en el pueblo se anidó la esperanza de que México sería dirigido hacia un país más justo y equitativo social y económicamente hablando; proclamándose como un presidente liberal y demócrata, para encabezar un gobierno a favor de los más pobres, incluidas las mujeres.

Sin embargo el cardenismo no se propuso el cambio profundo de las relaciones sociales entre los sexos, así que el voto a las mujeres no fue posible, aun cuando en diciembre de 1937 se realizaron las modificaciones al artículo 34 constitucional, en la práctica fue vetado por la Presidencia de la República al no publicarse en el Diario Oficial.

Sin embargo el gobierno federal ofreció mejorar las relaciones sociales entre hombres y mujeres, en donde las condiciones de subordinación de las mujeres fueron menos duras y menos difíciles, aun cuando la estructura social se mantuvo sin alteración. Aún las mujeres estaban subordinadas a los varones, dedicadas al vientre reproductivo y al cuidado de la especie humana.

Desde el Plan Sexenal de 1933 elaborado por el Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI) se habla de obreros, campesinos, ejidatarios, maestros, niños, soldados, hijos, alumnos, todo en masculino. Sin embargo cuando se habla de prostitución, mendicidad entre otros, se adjudican al género femenino; “Se harán campañas para combatir las causas determinantes de la prostitución, a fin de evitar que ésta constituya un medio de vida para la mujer; y para evitar la mendicidad profesional” y aunque ya no se hace referencia ni menciona a las “mujeres malas por naturaleza”, que ya representa un avance, se reconoce que son causas económicas las que llevan a las mujeres a la prostitución.

El cardenismo se compromete con las mujeres en abrir nuevas opciones de trabajo en las fábricas, escuelas y parcelas. A mejorar su situación dentro de la sociedad desigual en la que viven, pero… siempre y cuando participen activa y comprometidamente en la sociedad en la construcción que se propone en esos días. Aun cuando no existe documento que lo afirme, de no haber compromiso, no mejorarán su situación por decreto.

En 1934, cuando nació mi padre, aún las mujeres no tenían derechos y eran algo así como el vientre reproductor necesario para perpetuar la especie. El país necesitaba de brazos fuertes, de hombres comprometidos con el trabajo, de soldados para la patria y de campesinos para el campo. La mujer juega en ese momento el papel que “le corresponde por naturaleza”, aunque se ha librado del estigma de su propia naturaleza ligada al mal.

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