Venezuela en el ojo del huracán

Ricardo Homs

El conflicto Venezuela es quizá el más caso más significativo que se ha dado en Latinoamérica en los últimos tiempos, por todas las interferencias extranjeras que están confluyendo, así como el alto costo de esta crisis humanitaria.

Si bien es evidente que a Juan Guaidó lo apoyan de modo determinante, claro y abierto Estados Unidos y la mayoría de países Latinoamericanos, a Nicolás Maduro lo respaldan bajo una posición no clara Rusia y Cuba, quienes desde hace tiempo ya tienen en territorio venezolano personal operando a favor del actual gobierno.

La batalla mediática de manipulación informativa está dimensionando este conflicto interno, en el exterior, creando confusión respecto a cualquier posible desenlace.

México se ha mantenido al margen con actitud cautelosa, sin tomar partido, apelando a la Doctrina Estrada, muy tradicional en política exterior, lo cual le ha dado respetabilidad a nuestro país. Sin embargo, es evidente que si Maduro estuvo en la ceremonia de toma de posesión del presidente López Obrador y se tomaron muchas fotos juntos, es porque hay afinidad y simpatía.

Es cierto que hay manipulación desde las dos partes en pugna y cada una tiene el respaldo de una gran potencia política y económica. Sin embargo, el conflicto ha generado una grave crisis humanitaria en ese país, que ha afectado a millones de venezolanos, que ha costado muertes y se ha desmantelado una importante infraestructura, que costará mucho reconstruir.

Imposible que haya solución para Venezuela a partir de la negociación entre Maduro y las fuerzas opositoras, pues esta nunca se va a dar, ya que las partes en pugna representan dos posiciones radicalmente opuestas.

Hoy la solución no es Maduro, y seguramente tampoco Guaidó, pues cada cual responde a los intereses de una potencia política, económica y militar, como son Estados Unidos y sus aliados y por otra Rusia y Cuba. Sin embargo, la indefinición puede costar muchas vidas cada día que pasa.

El país no tiene viabilidad pues seguramente su actividad económica está detenida.

¿Hasta qué punto es ético ver una grave crisis que trae aparejada violencia, desolación y muerte y hacerse de lado?. Que México no intervenga parece ser una forma de apoyar a Nicolás Maduro.

Vivimos en un mundo globalizado, intervinculado, que está entrelazado y las condiciones de la política internacional han cambiado. Vivimos en un mundo que es una caja de cristal.

Hoy los problemas locales se han vuelto globales y la responsabilidad frente a los dramas personales, rebasan fronteras. Los derechos humanos son universales y se han convertido en una responsabilidad colectiva.

Es cierto que cada país es responsable de su propio destino y debe resolver sus problemas sin interferencias. Sin embargo, ¿cómo debe actuar la comunidad internacional cuando la afectación de derechos humanos, que son universales, corren el riesgo de propiciar un genocidio?.

La crisis de Venezuela es una importante oportunidad para que en el seno de la ONU se fijen nuevos parámetros éticos respecto hasta donde los derechos políticos de un gobierno deben

respetarse cuando se están afectando los derechos humanos esenciales de los individuos, poniendo en riesgo su sobrevivencia?.

México podría encabezar una tercera vía a través de la ONU, sin seguirle el juego a ninguno de los dos bandos que hoy están en disputa.

Lo que es imperdonable para nuestro país es quedarse con los brazos cruzados, viendo como se avecina una masacre y permanecer indiferente.

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