Las crisis de finales de gobierno en provincia

 Ricardo Homs

Es un tema recurrente que los finales de gobierno en muchos estados de la República Mexicana concluyan con una crisis financiera, que muestra que, o se ocultó la información mientras el funcionario estuvo en funciones, o se saquearon las arcas antes de que llegue el nuevo gobierno. Eso sucede en ámbitos estatales y municipales con mucha frecuencia.

Escuchar de quienes llegan a tomar la administración que las cuentas bancarias están vacías y los bienes valiosos han desaparecido, no sorprende a nadie.

Si no es por el escándalo suscitado en Tabasco, porque los trabajadores del sector salud retuvieron en un hospital a la esposa del gobernador Arturo Núñez, Martha Lilia López Aguilera, mientras acudía a visitar a un familiar, no sabríamos que no se han pagado los últimos salarios y aguinaldo a los trabajadores del gobierno de Tabasco. Esto refleja una crisis financiera en esa entidad, provocada por el gobierno que concluye el último día de este mes de diciembre.

Lo grave es saber: ¿cómo se pagarán los compromisos con trabajadores y proveedores?.

Saber la verdad sin contemplaciones es necesario para construir un país donde la corrupción sea cosa del pasado y no una costumbre cíclica y recurrente. Fincar responsabilidades es una responsabilidad de quienes llegan, en el ámbito estatal y federal.

No olvidamos aún que hace seis años, a finales del gobierno de Andrés Granier Melo, fue precisamente el sector salud el que sufrió una crisis financiera y se descubrió que ese dinero robado a costa de la salud de los tabasqueños, había servido para financiar campañas electorales. Seguramente en las obras públicas haya sucedido lo mismo. Que ahora se repita la misma historia, vuelve a poner el dedo en la llaga.

La misericordia y el olvido no son una virtud en el ámbito gubernamental, sino una flaqueza que denota irresponsabilidad de quienes llegan, o complicidad en los ámbitos estatal y federal, pues la costumbre es que el gobierno federal entre al rescate financiero de los estados en quiebra y termine habiendo pocas o ninguna consecuencia. Que Granier Melo, el gobernador anterior, haya terminado en la cárcel, puede haber sido quizá por otras razones, más que por el desfalco.

Para hacer historia, es necesario cambiar estas prácticas corruptas y nada mejor que fincar responsabilidades hasta las últimas consecuencias judiciales, sin olvido ni perdón.

Es necesario también crear prácticas preventivas desde el gobierno federal, quien a final de cuentas tiene el derecho y la obligación de verificar que el dinero enviado desde el centro del país a los estados, se invierta de modo responsable.

El federalismo crea responsabilidades para el gobierno federal, quien provee los recursos a las entidades y pocas para los estados que reciben el dinero.

El federalismo ha sido una coartada que permite que esto suceda continuamente, pues bajo una supuesta autonomía estatal, oculta el dispendio, el abuso y el latrocinio para que sea un tema local, bajo el control del gobernante en turno.

Federalismo no debe seguir representando impunidad.

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