Por María Beatriz Muñoz Ruiz
Hay cosas que no se pueden explicar por mucho que lo intentes. El otro día me dijo una amiga que a ella no le gustaba leer poesía; se aburría. Sorprendida la miré e intenté comprender cómo a alguien le puede aburrir la poesía, esa dulce melodía que impregna el alma y la desdibuja para volver a crearla con matices distintos, dramáticos, con un dolor que puede romperse en mil pedazos imposibles de recoger, aplastados por aquellos a los que se les regala el derecho a ser amados por incautos que se lanzan al abismo con los ojos cerrados.
Imposible describir el escalofrío que hace tambalear mi cuerpo al leer que su amada descansa bajo el frío mármol; imposible explicar lo que siento cuando el cielo llora desesperado y mi corazón sigue el ritmo de los pasos de aquel amor cuyas pisadas las olas del mar borraron, invitándonos a abrir otras puertas… laberintos enrevesados de los que nos negamos a huir por miedo a perdernos y a no encontrarnos.
Algunas personas piensan que la poesía no sirve para nada, pero si no existieran los poemas, ¿cómo podrías describir el alba? ¿Cómo describirías el aroma a mañana? ¿Cómo te explicaría que la eternidad se consigue mediante palabras que riman y embellecen un mundo gris sin alma?
Imposible explicarte todo eso sin poesía; imposible mirar un atardecer y no contarte cómo muere el sol bañado en sangre para que cada noche nazca la dama de cabellos plateados y pasee entre luces de diamantes. Cómo podría explicarte sin poesía que sus miradas cambiaron mi vida, que sus latidos detuvieron el mío y que sin ellos moriría.
Es complicado explicar que el tiempo se detiene cuando la brisa me trae su aroma, que miro al cielo y tiendo mi mano para rozar sus dedos y sentir que aún se halla junto a mí, esperando para darme un beso. Cómo explicar cuando mis ojos luchan por evitar que el mundo vea mis anhelos, que con una sonrisa deconstruida sigo creando la historia de mi humilde vida, invisible como la mariposa que bate sus alas y silenciosa pasea sin desear ser vista.
A veces me delata una mirada perdida, una palabra sin sonrisa, una caricia silenciosa que no se explica. Lo siento, no puedo explicar qué es poesía, porque para mí es el aire que mece y acaricia, la tormenta que escuece mis heridas y la miel que endulza el amor que suspira.
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