#Análisis AMLO abre frentes a diestra y siniestra para concentrar el poder

Por Dra. Ivonne Acuña Murillo

· De acuerdo con académica de la IBERO, el actual mandatario está “desmantelando el entramado de relaciones de fuerza”

Se cumplieron ya tres meses de la presente administración y se acumulan los temas, se abren varios frentes y el ritmo que el nuevo presidente ha impuesto a las cuestiones del Estado no tiene precedente.

El primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador, es consciente de que un sexenio es poco tiempo para resolver los graves problemas que aquejan a México. Esta certeza lo mueve a enfrentar rápida e intensamente aquellos relacionados con sus promesas de campaña, su obsesión por la historia no le permite el lujo de pensarse como un presidente más. Por otro lado, éste es el momento de aprovechar el apoyo popular y su enorme legitimidad, pues no se sabe hasta cuándo durará. Lo anterior le lleva a abrir varios ‘frentes’ al mismo tiempo.

Cabe aclarar que la palabra ‘frente’ tiene una connotación militar al relacionarse con lo que se llama el ‘teatro de operaciones’, mismo que a su vez tiene que ver con el terreno de combate en el que se reconocen la línea en la que un ejército toma posición delante de su enemigo (frente estratégico del teatro) y la línea trasera conocida como ‘retaguardia’, en la que miembros de dicho ejército cuidan de quienes van adelante.

Lo ancho de dicho frente depende de la estrategia a seguir, la cual incluirá el número de efectivos, el material bélico con se cuente y con que cuente el enemigo, las características del terreno, el clima, etcétera.

La idea de ‘un frente’ supone la unión de las columnas, batallones, divisiones, regimientos, tropas, escuadrones con que se cuente y con su avance hacia un objetivo determinado. Es así que desde este punto de vista ‘un frente’ hace referencia a una situación de guerra y de combate.

En términos políticos, ‘abrir un frente’ puede entenderse desde diversos puntos de vista. Por un lado, puede implicar ‘una declaración de guerra’, para seguir con la jerga militar, en contra de un individuo o grupo. Esta puede sostenerse por mucho o por poco tiempo dependiendo de la respuesta y voluntad de la contraparte o de la energía e intención de quien la inicie.

‘Abrir un frente’ puede suponer el ataque a un problema generando molestias de manera inevitable o la provocación intencional buscando golpear la reputación de alguien. Puede también pensarse en ‘un frente que se abre’ por un evento fortuito y no necesariamente por la intención deliberada de alguien.

En todos los casos arriba mencionados ha incurrido el actual presidente dando en ocasiones la impresión de estar ‘dando bandazos’ o ‘yéndose de la boca’ o como le gusta decir a ciertos analistas políticos, ‘gobernando por ocurrencias’. Sin embargo, surge la duda ante la recurrencia de estas acciones.

Observando con cuidado se pueden fijar tres criterios para sistematizar todos los frentes que se han abierto en tan sólo tres meses de gobierno.

Por un lado, existen aquellos frentes que directamente no fueron abiertos por la actual administración sino, al menos, por los tres presidentes anteriores y que se relacionan con temas como: la enorme corrupción gubernamental de la cual ha sido participe no sólo la clase política sino parte de la sociedad a través de algunas organizaciones de la sociedad civil (OSC), mismas que han servido para hacer de la actividad social y pública un negocio de amigos, para triangular recursos públicos con fines privados, electorales, etc.

También, el enorme incremento de la inseguridad y la violencia, que incluye la presencia del Ejército en las calles; el saqueo al que los gobernadores, priistas en especial aunque no únicamente, sometieron a sus estados; los excesivos salarios que la clase política se ha impuesto, a costa de una mayoría empobrecida; el empoderamiento de sindicatos o fracciones como la CNTE, que presionan para no perder los privilegios convertidos en derechos, como se observó en el bloqueo a las vías ferroviarias en el estado de Michoacán; la construcción del Nuevo Aeropuerto de México que significaba un enorme gasto público y el negocio de una minoría; el caso de la termoeléctrica de Huexca, nuevamente una enorme inversión con beneficios para una parte de la población que, sin embargo, ignoró los daños a los pobladores directamente afectados; por mencionar sólo algunos.

Los frentes abiertos por el actual presidente en su lucha en contra de las élites económicas y políticas; por su ataque frontal a algunos grupos que se han beneficiado del saqueo de los fondos públicos, a los expresidentes por los supuestos conflictos de interés que conlleva su incorporación como asesores de las grandes empresas que beneficiaron durante su sexenio; en contra de quienes se beneficiaron de empresas paraestatales como PEMEX o la CFE; su descalificación a la llamada ‘sociedad civil’, a través de la cual se han privatizado funciones y recursos del Estado, a decir de él mismo y la reducción de los recursos que se les hacían llegar.

También se lanzó contra la ‘prensa fifi’, los intelectuales orgánicos, los expertos de las mismas OSC; por su intención de debilitar a los órganos autónomos como el INAI, INE, INEE, o comisiones reguladoras (de las que Carlos Slim afirmó que a veces complican las cosas y que “deben frenar menos e impulsar más”) CRE, CNDH, a los que acusa de ‘ser una farsa’, y de los que se piensa que en mayor o menor medida y de una forma u otra, han avalado, permitido o solapado la enorme corrupción.

Tomó la decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto de México y la continuación del proyecto de la termoeléctrica de Huexca; con la creación de la figura de los superdelegados, mismo que parece cerrarse gracias a la negociación entre AMLO y los gobernadores y el apoyo que él les ha brindado, por ejemplo cuando son rechazados por sus gobernados en las plazas públicas; por la propuesta de disminuir el salario a altos funcionarios de los tres poderes; por la cancelación de la reforma educativa y la creación Guardia Nacional, etcétera.

Un frente más abierto por el presidente y/o sus funcionarios tiene que ver con una aparente falta de perspectiva de género en esta administración. Tema que será desarrollado en un artículo posterior.

En tercer lugar, se encuentran los frentes que se abren por cuestiones ajenas a su proyecto como: la muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle; el caso ‘Venezuela’ y las presiones internas y externas para que apoye a Juan Guaidó en contra de Nicolás Maduro; la presión ejercida por las calificadoras internacionales que como Moody’s y Fitch cuestionan la viabilidad de los planes de AMLO en torno a dejar de exportar petróleo y construir una refinería; por poner sólo algunos ejemplos.

Si se pone atención, se puede notar que la mayoría de los frentes abiertos por López Obrador son una respuesta a frentes abiertos previamente por sus antecesores de una forma u otra.

Ahora, así como es posible sistematizar los frentes abiertos en lo que va de esta administración a partir de los tres criterios propuestos, también es posible plantear que estos frentes tienen objetivos muy claros, a saber:

Primero, cumplir las promesas de campaña hechas por el presidente de la República, principalmente, acabar de raíz con la enorme corrupción política que aqueja al país, revertir hasta donde se pueda la enorme desigualdad social creada por los gobiernos anteriores y disminuir los graves problemas que enfrenta el país.

Segundo, desmantelar el sistema creado por el PRI y el PAN para hacer un uso faccioso de los recursos, los argumentos, los temas, los problemas a través del gobierno mismo, de los supuestos organismos autónomos, de algunas de las OSC, cuyo objetivo último, sería crear una serie de complicidades y componendas para gobernar dando la impresión de democracia, como se puede inferir de lo afirmado por el propio presidente.

Tercero, desarticular las alianzas entre el gobierno y lo que se podría llamar ‘una sociedad civil de cuates’, en la que familiares, amistades y pequeños grupos se beneficiarían de la transferencia de recursos públicos.

Cuarto, debilitar las redes de apoyo de los expresidentes y sus grupos de poder, políticos y económicos, para construir las propias redes de poder desde arriba, ya en la presidencia, como alguna vez se hizo desde abajo, a través de Morena. Así, AMLO está construyendo la base de poder que le permitirá enfrentar retos mayores hacia los siguientes años de su gobierno.

Estos objetivos se plantean como hipótesis basadas en el análisis de la evidencia empírica, misma que permite sostener que López Obrador no está poniendo en práctica teorías políticas ideales en torno a la democracia, sino haciendo real politik, basándose en las enseñanzas de sus históricos héroes, en su conocimiento del sistema político y su historia y en su propio instinto y experiencia políticos.

La mayoría de los frentes abiertos no son obra de un ingenuo ni de un loco, ni de alguien que obra ‘por ocurrencias’, sino de alguien que sabe que, dejando el sistema intacto, tarde o temprano fallará en su intento de atacar la corrupción, lograr un cambio de régimen y cumplir sus promesas.

Quien piense que AMLO está dando bandazos, que opera por ocurrencias, que no sabe lo que dice y menos lo que hace, no se da cuenta que el actual presidente está tomando posesión del poder en términos reales, como alguna vez lo hiciera su némesis Carlos Salinas de Gortari, quien debilitó el corporativismo priista quitando a Carlos Jonguitud Barrios y nombrando a Elba Esther Gordillo al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Salinas creó a Francisco Hernández Juárez y lo convirtió en líder de los telefonistas; metió a la cárcel al poderosísimo líder del Sindicato de Petróleos Mexicanos (PEMEX), Joaquín Hernández Galicia, conocido como ‘la Quina’; buscó y logró el reconocimiento internacional negado por la ‘caída del sistema’; creó el Programa Solidaridad y reorganizó a la población para acceder a él; reanudó relaciones con la Iglesia católica, etcétera.

El presidente López Obrador está centralizando el poder, está desmantelando el entramado de relaciones de fuerza construido durante los mismos 18 años en que se le impidió llegar a la silla presidencial.

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