Recientes cifras mundiales revelan casi ocho millones de muertes por tabaquismo en 2019, y el 90 % de los nuevos fumadores son adictos a los 25 años

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La cifra mundial de fumadores sigue aumentando. El tabaquismo causó casi ocho millones de muertes en 2019, incluida una de cada cinco muertes de hombres.

El 90 % de los nuevos fumadores son adictos a los 25 años de edad. Impedir que los adolescentes empiecen a fumar es crucial para cambiar el curso de esta epidemia para la próxima generación.

Los países deben cumplir sus compromisos de adoptar y hacer cumplir políticas eficaces de control del tabaco, incluido un aumento de los impuestos sobre los productos de tabaco. La prohibición de publicidad relativa al tabaco incluso en redes sociales, y los espacios sin humo podrían ayudar a prevenir en mayor medida que los jóvenes empiecen a fumar.

Aunque la prevalencia global de tabaquismo estandarizada por edad disminuyó significativamente entre 1990 y 2019, no se observaron avances similares en el tabaco masticado, donde hay una tasa de consumo del 25 % ajustada por edad entre los hombres mayores de 15 años en el sur de Asia.

Las cifras más completas sobre tendencias globales en el consumo de tabaco destacan su enorme costo para la salud global. El número de fumadores en todo el mundo aumentó a 1.100 millones en 2019 y el tabaquismo causó 7,7 millones de muertes, incluida 1 de cada 5 muertes en hombres a nivel mundial.

Son motivo de especial preocupación las tasas persistentemente elevadas de tabaquismo entre los jóvenes, y más de la mitad de los países del mundo no han registrado avances en la reducción del tabaquismo entre los jóvenes de 15 a 24 años. El 89 % de los nuevos fumadores se vuelven adictos a los 25 años. Proteger a los jóvenes de la adicción a la nicotina durante esta ventana crítica será crucial para eliminar el consumo de tabaco en la próxima generación.

Utilizando datos de 3.625 encuestas representativas a nivel nacional, los tres nuevos estudios publicados en The Lancet y The Lancet Public Health por la colaboración Global Burden of Disease dirigida por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME), proporcionan estimaciones globales sobre la prevalencia del tabaquismo en 204 países, para hombres y mujeres de 15 años o más, e incluye información de edad de iniciación, enfermedades asociadas y riesgos entre los fumadores actuales y exfumadores, así como el primer análisis de tendencias globales en el consumo de tabaco para mascar.

Publicados antes del Día Mundial sin Tabaco (31 de mayo), los autores exhortan a todos los países a que adopten y apliquen con urgencia un amplio conjunto de políticas basadas en evidencia para reducir la prevalencia del consumo de tabaco y prevenir la iniciación, en particular entre adolescentes y jóvenes adultos.

“Fumar es un factor de riesgo importante que amenaza la salud de las personas en todo el mundo, pero el control del tabaco es lamentablemente insuficiente en muchos países. La prevalencia de tabaquismo, que se mantiene alta entre los jóvenes de diversos países, junto con el aumento de nuevos productos de tabaco y nicotina, ponen de relieve la necesidad urgente de intensificar el control del tabaco. Si una persona no se vuelve fumadora regular a los 25 años, es muy poco probable que llegue a hacerlo después. Esto presenta una ventana crítica de oportunidad para intervenciones que pueden evitar que los jóvenes empiecen a fumar y mejoren así su salud para el resto de sus vidas”, afirmó la profesora Emmanuela Gakidou, autora sénior del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Seattle, Washington[1].

El creciente número de fumadores destaca la difícil batalla en el control mundial del tabaco

Desde 1990, la prevalencia mundial de tabaquismo entre los hombres disminuyó en un 27,5 % y entre las mujeres en un 37,7 %. Sin embargo, veinte países registraron aumentos significativos en la prevalencia entre los hombres, y 12 registraron aumentos significativos entre las mujeres.

En la mitad de los países, la reducción de la prevalencia no se ha mantenido al ritmo del crecimiento demográfico, y el número de fumadores actuales ha aumentado. Los diez países con el mayor número de fumadores de tabaco en 2019, que juntos albergan a casi dos tercios de la población mundial que fuma tabaco, son: China, India, Indonesia, Estados Unidos, Rusia, Bangladesh, Japón, Turquía, Vietnam y Filipinas. Uno de cada tres fumadores actuales de tabaco (341 millones) vive en China.

En 2019, el tabaquismo se asoció con 1,7 millones de muertes por cardiopatía isquémica, 1,6 millones de muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica, 1,3 millones de muertes por cáncer traqueal, de bronquio y de pulmón, y casi 1 millón de muertes por infarto. Estudios previos han demostrado que al menos uno de cada dos fumadores de larga data morirá por causas directamente relacionadas con el tabaquismo, y que los fumadores tienen una expectativa de vida promedio diez años menor que quienes nunca han fumado.

Cerca del 87 % de las muertes atribuibles al tabaquismo ocurrieron entre los fumadores actuales. Solo el 6 % de las muertes globales atribuibles al consumo de tabaco ocurrieron en individuos que habían dejado de fumar al menos 15 años antes, lo que deja ver los importantes beneficios que dejar de fumar trae para la salud.

7,4 billones de equivalentes de cigarrillos de tabaco (la combinación de productos de tabaco para fumar incluye cigarrillos fabricados, cigarrillos armados a mano, cigarros, pipas, shisha y productos regionales como bidis y kreteks) se consumieron en 2019, lo que da cuenta de 20.300 millones por día en todo el mundo. Los países con el mayor consumo por persona fueron principalmente europeos. A nivel mundial, uno de cada tres hombres y una de cada cinco mujeres que fuman consume 20 equivalentes de cigarrillos por día o más.

De 15 a 24 años: una ventana crítica para cambiar el curso de la epidemia de tabaco

“Los estudios conductuales y biológicos sugieren que los jóvenes son particularmente vulnerables a la adicción, y dado que las altas tasas de personas que dejan de fumar siguen esquivas a nivel mundial, la epidemia de tabaco continuará durante años a menos que los países reduzcan drásticamente el número de nuevos fumadores que se inician cada año. Con nueve de cada diez fumadores comenzando antes de los 25 años, garantizar que los jóvenes permanezcan alejados del cigarrillo hasta la mitad de su década de los 20 años generará reducciones radicales en las tasas de tabaquismo para la próxima generación”, comentó Marissa Reitsma, autora principal de los estudios sobre tabaquismo de IHME[1].

Se estima que en 2019, en el mundo, había 155 millones de fumadores de edades entre 15 y 24 años, lo que equivale al 20,1 % de los hombres jóvenes y al 5,0 % de las mujeres jóvenes.

Dos tercios (65,5 %) de todos los fumadores actuales comenzaron a fumar alrededor de los 20 años de edad, y el 89 % de los fumadores comenzaron cerca de los 25 años. Esto destaca una ventana de edad crítica durante la cual los individuos desarrollan la adicción a la nicotina y pasan a convertirse en fumadores fijos.

En 2019, en 12 países y territorios, más de uno de cada tres jóvenes era fumador en ese momento, entre estos países se encuentran Bulgaria, Croacia, Letonia, Francia, Chile, Turquía y Groenlandia, así como cinco islas del Pacífico.

A nivel mundial, la prevalencia del tabaquismo entre jóvenes disminuyó entre 1990 y 2019, tanto entre los hombres (-32,9 %) como entre las mujeres (-37,6 %). Los avances variaron de un país a otro y solo 81 lograron una disminución significativa de la prevalencia entre los jóvenes. Más de la mitad de los países no experimentaron cambios.

En muchos países, los avances en la reducción de la prevalencia del tabaquismo no se han mantenido a la par con el aumento de la población, lo que ha dado lugar a un incremento significativo del número de jóvenes fumadores. India, Egipto e Indonesia registraron los mayores aumentos absolutos en el número de jóvenes hombres fumadores. Turquía, Jordania y Zambia registraron el mayor aumento en el número de jóvenes mujeres fumadoras.

A nivel mundial, la edad promedio en la que las personas empezaron a fumar regularmente es a los 19 años. Las edades medias de iniciación más jóvenes se observaron en Europa y las Américas, con el promedio de edad de iniciación más joven en Dinamarca (16,4). Las edades medias de iniciación más altas se observaron en Asia oriental y meridional y en África subsahariana, con la edad promedio de iniciación más alta en Togo (22,5 años).

Reitsma agregó: “En particular, en los países donde la prevalencia del tabaquismo entre los jóvenes ha disminuido significativamente, la edad en que las personas empiezan a fumar se ha mantenido constante a lo largo del tiempo. Esto es una evidencia alentadora de que las intervenciones logran evitar el tabaquismo en general, en lugar de solo retrasar la edad en que las personas empiezan a fumar”.

Se necesita una regulación más estricta para el tabaco de mascar, en particular en Asia meridional

A nivel mundial, 273,9 millones de personas consumieron tabaco para mascar en 2019, lo que equivale a una prevalencia ajustada por edad del 6,5 % entre los hombres y casi del 3 % entre las mujeres de más de 15 años. La mayoría de las personas (228,2 millones; 83,3 %) que consumieron tabaco de mascar en 2019 residían en la región de Asia meridional. La mayor población de personas que consumen tabaco para mascar se encuentra en India, con 185,8 millones de usuarios, lo que corresponde al 68 % de todos los consumidores de tabaco para mascar a nivel mundial. Bangladesh, Nepal y Bhután también tienen una prevalencia muy alta del consumo de tabaco para mascar.

“Los riesgos para la salud de mascar tabaco están bien documentados, incluyendo evidencias contundentes de un mayor riesgo de cáncer oral. Si bien la prevalencia mundial del tabaco para fumar ha disminuido, no lo ha hecho así el tabaco para mascar, lo que sugiere que, en algunos países, los esfuerzos de control han tenido efectos mucho mayores en la prevalencia del tabaco para fumar que en el de mascar. Se necesitan regulaciones y políticas más firmes dirigidas específicamente al consumo de tabaco para mascar, especialmente en los países de Asia meridional con alta prevalencia”, manifestó Parkes Kendrick, autor principal del estudio sobre tabaco para mascar de IHME[1].

La interferencia de la industria y el compromiso político cada vez menor frenan la acción urgente en el control del tabaco

El primer tratado internacional de salud pública, el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT OMS), entró en vigor y pasó a ser una ley internacional vinculante en 2005. El CMCT OMS esboza intervenciones basadas en pruebas que incluyen la reducción de la asequibilidad a los productos del tabaco a través de impuestos, la aprobación de leyes integrales contra el tabaquismo, la restricción de las ventas a menores, la imposición de advertencias sanitarias sobre el empaque y la prohibición de la publicidad, promoción y patrocinios del tabaco.

Desde 2005, el CMCT ha sido ratificado por 182 partes pero, en 2018, solo 62 países tenían políticas integrales antitabaquismo; 23 ofrecían toda la gama de servicios de apoyo para dejar de fumar; 91 exigían advertencias sanitarias gráficas obligatorias; 48 tenían prohibiciones integrales de publicidad, promoción y patrocinios; y 38 tenían el nivel recomendado de impuestos sobre el tabaco.

Los impuestos al tabaco son una medida sumamente eficaz en función de los costos, en particular cuando se combina con un enfoque progresivo para redistribuir los ingresos de esos impuestos en los programas de control del tabaco, la atención de la salud y otros servicios de apoyo social. Disminuir la asequibilidad es particularmente efectivo para reducir las tasas de tabaquismo entre los jóvenes.

Entre 2008 y 2018, la asequibilidad de los cigarrillos disminuyó en solo el 33 % de los países de bajos ingresos en comparación con el 38 % en los países de ingresos medianos y el 72 % en los países de ingresos altos. Los países de ingresos bajos y medios se enfrentan al desafío adicional de que el aumento de la población está ampliando la población fumadora. A pesar de esto, solo un país de bajos ingresos, Madagascar, grava el tabaco a la tasa recomendada por la OMS.

A medida que la industria del tabaco innova aprovechando las redes sociales, las estrategias de control del tabaco también deben evolucionar. Los sabores también pueden desempeñar un papel importante para atraer a los jóvenes al tabaco, en particular con el surgimiento del consumo de cigarrillos electrónicos. Prohibir todos los sabores característicos, incluidos los mentolados, en todos los productos que contienen nicotina, incluidos los productos de tabaco para fumar, tabaco sin humo, cigarrillos electrónicos y productos de tabaco calentado, es un enfoque prometedor para reducir la demanda entre los jóvenes.

La mayoría de los países ha establecido la edad legal de compra en 16 o 18 años, pero tres cuartas partes de los fumadores empiezan a los 21 años. Los autores señalan evidencias alentadoras de algunos estudios que muestran el impacto que puede tener el aumento de la edad legal de compra sobre las tasas de tabaquismo. A nivel mundial, la edad mínima de compra más alta observada al nivel nacional es de 21 años, con seis países (Estados Unidos, Uganda, Honduras, Sri Lanka, Samoa y Kuwait) en este punto de referencia.

El Dr. Vin Gupta, coautor de IHME, comentó: “A pesar del avance en algunos países, la interferencia de la industria tabacalera y la disminución del compromiso político han dado como resultado una gran y persistente brecha entre el conocimiento y la acción en el control global del tabaco. Las prohibiciones a la publicidad, promoción y los patrocinios deben extenderse a los medios de comunicación en internet, pero solo uno de cada cuatro países ha prohibido de manera integral todas las formas de publicidad directa e indirecta. A pesar del claro vínculo con la iniciación juvenil, menos de 60 países han promulgado incluso prohibiciones parciales al sabor de los productos de tabaco. Cerrar estos vacíos es fundamental para proteger a los jóvenes de la influencia del tabaco”[1].

Finalmente, los autores señalan limitaciones en los tres estudios. Por ejemplo, que los datos sobre el consumo de tabaco son autoinformados, la edad de inicio puede estar sujeta a sesgos de recuerdo, y los efectos en la salud del tabaquismo no incluyen el fumador de segunda mano. Los análisis se centran en los productos de tabaco para fumar y los de tabaco para mascar, y no reflejan los cigarrillos electrónicos (y otros sistemas electrónicos de suministro de nicotina) ni los productos de tabaco calentado.

En un comentario vinculado, Alan Blum y Ransome Eke de la Universidad de Alabama en Tuscaloosa, Estados Unidos (que no participaron en el estudio) escribieron: “Cómo abordar la pandemia global de tabaquismo se ha convertido en un dilema perpetuo. El control del tabaco —término adoptado por los académicos en la década de 1990 para mantener el activismo radical de base antitabaquismo a una distancia prudencial— sigue inmerso en investigaciones descriptivas que generan datos para apoyar políticas destinadas a reducir el consumo de tabaco. Sin embargo, a diferencia, por ejemplo, del control de mosquitos, el vector —la industria del tabaco— sobrevive y prospera. Y, como un virus mutante, se adapta a las iniciativas legislativas y reglamentarias de impedir la venta, promoción y consumo de sus productos. La fijación de impuestos a los productos perjudiciales no es necesariamente la política más eficaz para el control del tabaco, pero decir esto corre el riesgo del escarnio público. Los impuestos sobre los cigarrillos podrían ser lo suficientemente altos como para aplastar la industria tabacalera, pero ningún gobierno irá tan lejos. Ellos dependen de estos ingresos para reducir el déficit y para cosas que no sean reducir el consumo de tabaco… La industria tabacalera sigue siendo el principal obstáculo para el control del tabaco. Los fabricantes estatales de cigarrillos, en particular el monopolio del tabaco de China en el mercado de cigarrillos más grande del mundo, representan un desafío abrumador para la salud pública. Los Estados Unidos, el Reino Unido, Japón, Corea, Suiza y Suecia, entre otros países, también albergan poderosas empresas tabacaleras… Cualquier esperanza de poner fin a la pandemia del tabaco radica en el compromiso de todos los profesionales de la salud para hacer de la prevención y el cese del tabaquismo, así como la prevención de recaídas, una prioridad máxima”.

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