En la carrera por vacunar contra el COVID-19, el apoyo del sector público es fundamental

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Muchos países han continuado dando apoyo a personas y empresas en medio del resurgimiento de infecciones y nuevas restricciones, mientras calibran sus respuestas a la evolución de la situación económica. La actualización del informe Monitor Fiscal de enero de 2021 del Fondo ofrece una visión general de tales iniciativas y describe qué otras medidas pueden tomar los gobiernos para lograr una recuperación más verde, más justa y duradera.

El apoyo público ha ayudado a personas y empresas

El apoyo fiscal mundial llegó a casi 14 billones de dólares a fines de diciembre de 2020, un aumento del orden de los 2,2 billones desde octubre de 2020. Incluye 7,8 billones correspondientes a gasto adicional o (en menor proporción) medidas que resignan ingresos y otros seis billones correspondientes a garantías, préstamos e inyecciones de capital (información detallada de países aquí).

Este apoyo no ha sido uniforme entre los países, ya que ha dependido del impacto de los shocks relacionados con la pandemia y de la capacidad de los gobiernos para endeudarse.

En las economías avanzadas, las acciones fiscales abarcan varios años (superan el 4% del PIB en 2021 y años subsiguientes). En cambio, en los países en desarrollo y en mercados emergentes las medidas de apoyo se tomaron inmediatamente, y una gran proporción de ellas están venciendo. Este apoyo, sumado a la contracción económica que genera una menor recaudación de ingresos, ha provocado un aumento de los déficits y del endeudamiento público. La deuda pública promedio en el mundo llegó a un 98% del PIB a fines de 2020, frente a un 84% proyectado antes de la pandemia para esa misma fecha.

Los mayores aumentos de los déficits fiscales y de deuda se registraron en las economías avanzadas, debido a un mayor gasto y a la disminución de los ingresos. En los mercados emergentes, el aumento de los déficits obedeció principalmente a la depresión de los ingresos tributarios a raíz de la recesión económica. En los países de bajo ingreso, la respuesta de la política fiscal ha sido más acotada, debido a las limitaciones de financiamiento y a un menor desarrollo de los programas de bienestar social. Por ese motivo, se corre el riesgo de que la pandemia deje un impacto duradero, lo que incluye mayores niveles de pobreza y desnutrición en estos países.

El apoyo fiscal debe estar disponible hasta que la recuperación esté encaminada

La cooperación mundial para producir y distribuir ampliamente tratamientos y vacunas es fundamental. La vacunación es un bien público mundial que salva vidas y, eventualmente, ahorrará dinero de los contribuyentes en todos los países. Cuanto antes concluya la pandemia mundial, más rápido podrán las economías volver a la normalidad y las personas necesitarán menos apoyo público.

Debido al nivel inusualmente alto de incertidumbre, las políticas deben responder de manera flexible al cambio en las condiciones de la economía y de la pandemia, según sea necesario y con la diferenciación adecuada. La mayoría de los países tendrán que hacer más con menos, en vista de las limitaciones cada vez mayores de sus presupuestos. Esto implica centrarse en los más afectados y vulnerables, incluidos los sectores pobres, las mujeres y los trabajadores informales, y en empresas que probablemente sigan siendo viables después de la crisis y que tienen importancia sistémica para la economía.

Muchos países de bajo ingreso enfrentarán dificultades, incluso tras haber hecho los deberes. Necesitarán asistencia adicional, que incluya donaciones, financiamiento en condiciones concesionarias, la prórroga de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda o, en algunos casos, la reestructuración de su deuda. Será esencial poner rápidamente en funcionamiento el Marco común para el tratamiento de la deuda y ampliar los criterios para que los países deudores puedan acceder.

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