El Tren Maya o el mundo al revés

 Ricardo Homs

Parece ser que el Tren Maya es la Torre de Babel… todos hablamos de él pero con enfoque diferente. Por eso no nos ponemos de acuerdo.

Después de leer las declaraciones del Director General de FONATUR, Rogelio Jiménez Pons, respecto al Tren Maya y entender que quiere generar desarrollo para las comunidades indígenas a partir de esta obra ferroviaria, uno entiende que es una megaobra sin pies ni cabeza.

El sentido común nos dice que un medio de transporte debe responder a una demanda de servicios por parte de los usuarios, como sucede en el caso del tren rápido que unirá a Toluca con la Ciudad de México, donde ya hay una demanda y que si el servicio es bueno, evitará el congestionamiento de autos en la capital del país.

En contraste las autoridades turísticas pretenden construir el tren Maya y después ver cómo lo llenan de pasajeros, que además deben ser turistas que puedan pagar un boleto tan caro como será este servicio, además de encontrar un atractivo que justifique un trayecto tan largo, cuando el turista lo que quiere es disfrutar del destino y no del trayecto.

En Europa los trenes son un gran medio de transporte porque conectan ciudades altamente pobladas y muy cercanas entre sí, a no más de cien kilómetros de distancia una de otra. Además, los ferrocarriles europeos no viven de los turistas, sino de mover gente de modo cotidiano y los turistas que los hemos utilizado somos una fracción de los pasajeros.

En el Tren Maya verán selva, selva y más selva durante horas y horas, o días… ¿es lo quiere el turista?. Después de media hora de ver selva, el paisaje se vuelve monótono.

El problema de las falta de desarrollo económico en las comunidades indígenas es que en estos últimos gobiernos ha existido una política presuntamente “proteccionista” hacia esas comunidades, que en realidad ha derivado en el fortalecimiento de políticas manipuladoras, que han frenado el desarrollo y la integración de este segmento étnico de nuestra población al resto del país.

Antes de hacerse un gran proyecto de obra pública, en cualquier parte del mundo se hacen estudios de viabilidad mercadológica que en este proyecto no existen porque es un capricho.

Es evidente y de sentido común que como punto de partida del proyecto, no se le debe consultar a las comunidades indígenas si les interesa, sino entender el interés de los usuarios potenciales, o sea los turistas. Saber si les seduce la posibilidad de utilizarlo, pues de esto depende su viabilidad financiera.

En esto no importa la opinión de los funcionarios públicos y sus suposiciones, sino directamente la de quienes pagarán por utilizarlo y esto se llama “investigación de mercado” y no “consulta ciudadana”.

Sólo cuando se está seguro de que sí es viable financieramente un proyecto, entonces se debe buscar conciliar intereses para que no haya objeciones, como lo es la opinión de los ambientalistas y de las comunidades indígenas que viven en la región donde circulará el Tren Maya.

Los proyectos públicos no deben realizarse a partir de ocurrencias, sino de estrategias. Una estrategia no se sustenta en una idea espectacular, que es creativa y subjetiva, sino que consiste en el desarrollo metodológico de un proceso a partir de datos objetivos que nos llevan a decisiones racionales.

El Tren Maya debe empezar a construirse hasta que se haya generado una demanda de servicios turísticos, o sea de pasajeros, capaz de mantener esta infraestructura. Sino se hace en este orden, en seis años tendremos un “elefante blanco” abandonado.

¡Primero lo primero!

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