
Excelsior
Los Broncos regresan a la final de la Conferencia Americana por primera vez desde hace una décadas al vencer en un dramático encuentro 33-30 a los Bills en el primer juego de la Ronda Divisional. Denver regresó donde siempre ha sabido regresar. Desde la defensa. No fue una victoria construida en el brillo ni en la comodidad, sino en la repetición del golpe y en la espera del error. Los Broncos forzaron cinco pérdidas de balón y convirtieron cada una en territorio ganado. Buffalo tuvo el balón, tuvo el momento y tuvo el triunfo, pero nunca tuvo paz.
La defensiva de Denver le negó continuidad al partido y lo empujó, una y otra vez, hacia el desorden. Ahí se decidió todo. En tiempo extra, cuando el juego ya había gastado todas sus explicaciones, Ja’Quan McMillian realizó una gran jugada al arrancarle el balón a Brandin Cooks y coronar una intercepción.
Bastó con el silencio previo. Wil Lutz caminó al campo y selló el 33-30 que devolvió a los Broncos a la final de la Conferencia por primera vez desde 2016. Entonces también fue la defensa la que marcó el camino hacia un Super Bowl y hacia el tercer Lombardi de la franquicia. Esta vez, el regreso empezó del mismo modo. Con una tacleada, una lectura, un balón arrebatado.
Juego de arenas movedizas
El juego nunca se asentó. Se movió como un péndulo nervioso desde la primera serie, sin permitir que nadie se sintiera a salvo. Cada avance llevaba implícita una respuesta y cada respuesta traía un castigo. Cinco veces cambió el liderato y ninguna fue definitiva. El partido se jugó siempre con la sensación de que algo estaba a punto de romperse.
Denver entendió temprano qué tipo de noche era. No una de posesión, sino de colisión. La defensiva convirtió el partido en un ejercicio de desgaste. Capturas que no sólo derribaron a Josh Allen, también desordenaron la estructura ofensiva de Buffalo. Con esas caídas, los Broncos alcanzaron una cifra histórica. Más de 70 sacks sumando temporada regular y playoffs
Buffalo avanzaba y se detenía a sí mismo. Tres balones sueltos y una intercepción fueron pausas abruptas en drives que parecían vivos. Cada pérdida fue un cambio de ánimo. La ofensiva de los Bills producía, pero no respiraba. Cada yardaje tenía un costo y cada error se amplificaba bajo la presión constante.
Bo Nix no jugó a esconderse. Jugó a sostener. 279 yardas, tes anotaciones, una intercepción. Lo esencial ocurrió en momentos incómodos. Terceras oportunidades largas, defensivos encima, ruido en la bolsa. Dos veces mantuvo series que parecían terminadas. El pase de 26 yardas a Marvin Mims no fue espectacular. Fue necesario. Y en un partido así, lo necesario pesa más que lo brillante.
Josh Allen respondió como suele hacerlo. Lanzó 283 yardas, tres pases de anotación, una intercepción. Encontró a Hardman, a Coleman, a Kincaid. Movió el balón. Empujó el partido hacia adelante. Pero nunca logró imponer silencio. Cada anotación fue seguida por la sensación de que Denver aún tenía algo más.
El marcador fue una discusión permanente. Denver golpeó primero. Buffalo contestó. Nix volvió a tomar ventaja. Allen la recuperó. Wil Lutz apareció como una constante invisible. Goles de campo largos, precisos, oportunos. Denver no se despegaba, pero tampoco cedía.
Cuando el partido entró a su último minuto, nadie estaba sorprendido por el empate. Buffalo tomó el balón con 50 segundos y 3 tiempos fuera. Allen condujo hasta la yarda 35. Matt Prater alineó un intento de 50 yardas. El balón pasó entre los postes. 30-30. Todo lo anterior quedó suspendido en ese instante.
Partido con intercambios en el marcador
Denver golpeó primero sin hacer ruido. Un avance corto, medido, cerrado con un gol de campo de Wil Lutz que abrió la noche y marcó el tono. Buffalo respondió con una serie larga, paciente, de 12 jugadas. Josh Allen encontró a Mecole Hardman Jr. en la zona de anotación y por un momento pareció que el partido entraría en una lógica reconocible.
No duró. Bo Nix respondió rápido. Condujo 69 yardas y cerró la serie con un pase corto a Frank Crum. Denver volvió a tomar ventaja y dejó claro que no estaba dispuesto a esperar errores. El empate llegó más tarde con otro avance largo de los Bills, terminado por Matt Prater desde 33 yardas, pero el equilibrio fue breve.
Antes del descanso, Denver volvió a estirar el campo. Nix encontró a Lil’Jordan Humphrey en un pase de 29 yardas y el marcador se inclinó con claridad por primera vez. La secuencia cerró con un gol de campo de 50 yardas de Lutz cuando el reloj expiraba. En dos minutos, los Broncos habían construido una ventaja que se sentía más grande que el marcador.
El tercer cuarto fue un ejercicio de resistencia. Denver añadió otro gol de campo, corto, tras una serie mínima. Buffalo respondió con un pase de 10 yardas de Allen a Keon Coleman. El partido se apretó, pero no cambió de manos. Cada anotación parecía una negociación, nunca una imposición.
Buffalo terminó de regresar con dos series consecutivas que rompieron el ritmo defensivo de Denver. Primero Dalton Kincaid en una ruta al centro. Luego otra posesión larga que puso a los Bills al frente. Por primera vez en mucho tiempo, Denver jugaba desde atrás.
La respuesta fue quirúrgica. Con el marcador 27-23 en contra, Nix condujo 73 yardas en 8 jugadas. El pase de 26 yardas a Marvin Mims Jr. abrió la serie. La cerró el propio Mims en la zona de anotación. Denver recuperó la ventaja y el partido volvió a inclinarse.
Buffalo aún tenía tiempo. Y lo usó. Allen tomó el balón en los segundos finales, avanzó con precisión y colocó a Prater para un intento de 50 yardas. El gol de campo empató el juego y detuvo el reloj emocional del estadio en 30-30.
El tiempo extra es un territorio hostil para Josh Allen y el campo fértil donde Broncos encontró su camino al Juego por el campeonato de la AFC.
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