La digitalización como vía para reducir la brecha en la atención médica de la mujer en México

Staff/RG

La brecha estructural del sistema de salud en México sigue reflejándose en cifras contundentes: la mortalidad tratable supera en más de 120% el promedio de los países de la OCDE y el gasto en salud per cápita permanece muy por debajo de estándares internacionales. La atención médica para las mujeres concentra rezagos históricos que van desde la prevención hasta el acceso oportuno a servicios especializados por lo tanto, la tecnología aplicada a la salud es clave para ampliar cobertura, mejorar eficiencia y reducir costos sin comprometer la calidad clínica.

En los últimos diez años, distintos modelos de salud digital han buscado responder a ese desafío. Entre ellos se encuentra el de Grupo Reina Madre, una red privada especializada en salud femenina que ha orientado su crecimiento hacia procesos de digitalización diseñados para resolver cuellos de botella comunes del sistema: saturación operativa, fragmentación de la información clínica y barreras de acceso para amplios segmentos de la población. Más allá de su expansión física, el eje del proyecto ha sido el uso de tecnología para sostener un modelo replicable y escalable.

Fundada en 2015, la iniciativa partió de una lectura clara del mercado: existe una franja amplia de mujeres y familias que no logra insertarse ni en el sistema público, por limitaciones de capacidad, ni en el privado tradicional, por costos.

La respuesta no estuvo únicamente en abrir más clínicas, sino en diseñar procesos apoyados en herramientas digitales que permitieran eficiencia operativa, estandarización médica y mejor experiencia del paciente. El resultado fue un esquema híbrido que combina atención ambulatoria, especialización clínica y alianzas hospitalarias, apoyado en sistemas propios de información.

“Desde el inicio entendimos que sin tecnología no había forma de crecer de manera ordenada”, explica Juan Esteban Moctezuma, cofundador y co-CEO. “La digitalización no es un complemento, es el mecanismo que permite coordinar médicos, pacientes, clínicas y hospitales sin perder trazabilidad ni calidad”.

El modelo evolucionó rápidamente hacia una lógica “asset-light”, donde la interoperabilidad entre unidades, la centralización de datos clínicos y la automatización de procesos administrativos se volvieron fundamentales.

Actualmente, la red opera 15 clínicas y una unidad hospitalaria, con más de 37 mil consultas mensuales y cerca de 2 millones de mujeres atendidas. Estos volúmenes serían difíciles de sostener sin sistemas digitales de agenda médica, expedientes clínicos electrónicos y analítica de datos para toma de decisiones.

Uno de los focos recientes del proyecto ha sido la transformación de la experiencia del paciente a través de plataformas digitales propias. Con un centro de contacto que gestiona más de 60 mil interacciones al mes, la compañía trabaja en la consolidación de un sistema unificado que integra agendamiento, historial clínico, seguimiento médico y comunicación omnicanal. La intención es reducir fricciones, minimizar errores y liberar tiempo clínico para la atención directa.

Desde la perspectiva de salud pública, la digitalización también ha tenido impacto en prevención y detección temprana. La sistematización de datos ha permitido fortalecer programas de diagnóstico oportuno de VPH y cáncer cervicouterino, con más de 3,350 casos detectados a tiempo. Este tipo de resultados pone sobre la mesa el potencial de la tecnología médica no solo como herramienta operativa, sino como instrumento de política sanitaria indirecta.

El caso también refleja una tendencia más amplia dentro del ecosistema de healthtech en México: soluciones enfocadas en nichos específicos, con uso intensivo de tecnología, orientadas a cerrar brechas históricas del sistema. Con menos de 10% de la población cubierta por seguros médicos privados y solo una cuarta parte de los nacimientos atendidos fuera del sector público, la escalabilidad depende menos de infraestructura física y más de plataformas digitales capaces de coordinar servicios.

A una década de su creación, el valor del proyecto no está únicamente en sus cifras de crecimiento, sino en la demostración de que la digitalización de la atención médica puede convertirse en un factor estructural para mejorar acceso, eficiencia y resultados clínicos en salud femenina. Para la industria tecnológica, el aprendizaje es claro: la innovación en salud no pasa solo por nuevos dispositivos o aplicaciones, sino por rediseñar procesos completos con tecnología al centro.

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