Universidades más abiertas, ágiles, digitales y escalables contribuirán a una mejor empleabilidad de sus graduados

Universitat Oberta de Catalunya

  • Los cambios que se están produciendo generarán nuevas corrientes para la dinámica laboral

La pandemia ha afectado sobremanera la empleabilidad de las personas a escala mundial. El impacto en el mercado laboral ha sido tal que, al menos, se han perdido veintiséis millones de empleos durante la crisis, según indica un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Una crisis que, sin duda afecta, no solo a la trayectoria profesional y académica de los profesionales, sino también a la inserción en el mercado laboral de los estudiantes y graduados. “En este sentido, los cambios actuales están poniendo en tela de juicio el valor de las universidades como formadoras de los futuros profesionales y graduados con expectativas sociales, y esto es precisamente porque los índices de desempleo de los universitarios titulados van en aumento”, explica Àngels Fitó Bertran, vicerrectora de Competitividad y Empleabilidad de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

 

Sin embargo, para la vicerrectora de la UOC, en estos cambios que se están produciendo en la economía y la sociedad, principalmente
motivados por las nuevas tecnologías y la llamada transformación digital, las universidades desempeñan un rol fundamental en la mejora de la empleabilidad de sus graduados y estudiantes, pues la educación actúa como un ascensor social, y mientras más elevado
sea el nivel educativo, mejor serán las perspectivas profesionales, de contratación y de inserción laboral.

No obstante, las universidades son responsables solo de una parte de la inserción laboral, “pues cuando se habla del famoso gap entre la oferta y la demanda de las competencias de los graduados se coloca a las universidades en el centro, cuando esta debería desempeñar un rol secundario. La responsabilidad de las instituciones se centra sobre todo en el concepto de empleabilidad, es decir, en preparar lo mejor posible a los graduados y graduadas para que puedan ejercer profesionalmente con garantías y estén preparados para gestionar y decidir su carrera profesional”, apunta Fitó. Toda esta orientación profesionalizadora debe ir avanzando al ritmo que avanzan todos los cambios que se producen en el mercado de trabajo y los procesos de integración laboral de los graduados.

Nuevas direcciones para la dinámica laboral

Para Fitó, la nueva empleabilidad está afectada por tres dinámicas del mercado de trabajo: por un lado, aquella que tiene que ver con la búsqueda de la sostenibilidad ambiental, es decir, todo lo que tiene que ver con la transición ecológica o verde, que genera oportunidades en espacios entre lo medioambiental y las demás disciplinas tradicionales. Una segunda corriente que tiene que ver con el movimiento globalizador y el cambio competencial que supone para los graduados el hecho de tener que hacer frente a un mundo cada vez más global. Y, por último, el impacto de la oleada tecnológica, que viene acompañada básicamente de la inteligencia artificial, de la robotización y de cómo nos complementamos con el trabajo que las máquinas hacen de manera más eficiente.

Esa nueva empleabilidad, y las formas de empleo que se han evidenciado de manera acelerada con la pandemia, como el trabajo autónomo y colaborativo y el teletrabajo, determina la manera en que las universidades deben preparar a los graduados para un mercado de trabajo incierto, cambiante y que es absolutamente volátil, pues “la forma en que educamos es determinante para dar empleabilidad al graduado”. Pero, ¿cómo dar respuesta con el tipo de formación que ofrece la universidad? La formación actualizada, en conexión permanente con el sistema productivo, el mercado laboral y el resto de grupos de interés, debe ir más allá de la educación y debe abordar cuestiones relevantes como la formación continua durante toda la vida “a través de universidades más abiertas y transdisciplinarias, basadas en datos, más ágiles, digitales y escalables”, apunta Fitó.

Esa formación continua tiene la responsabilidad de complementar los perfiles competenciales más tradicionales con aquellas competencias que permiten mantener una empleabilidad, una inserción laboral, siempre y cuando las universidades sean conscientes de que, no solo son responsables de formar, sino también de facilitar herramientas a los estudiantes para que puedan tomar las decisiones oportunas en el momento adecuado.

 

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