El miedo hace más fuerte al machismo y el silencio más frágil a la víctima

Maricela Allende Marcito

Hoy tenemos una historia sobre violencia

Maria como decidimos llamarla, por miedo a represalias, nos cuenta que a la edad de 7 años sufrió la primera agresión sexual por parte de Víctor, esposo de su hermana mayor, de la cual nunca pudo hablar con sus familiares, ya que el agresor la amenazó con quitarle la vida a su hermana, y para desgracia de ella no fue solo una agresión, solo fue el comienzo de muchas más durante los siguientes 11 años.

Incluso en la primaria del pueblo a la que asistía a clases era acosada por sus compañeros y humillada por la situación que vivía su familia. Como dice el dicho: Pueblo chico, infierno grande. A sus 18 años, al concluir el bachillerato salió de su pueblo hacia la inmensa Ciudad de México.

Comenzó a trabajar y conforme pasaba el primer año en la capital conoció a Jaime, un joven un año menor que ella, comenzaron una relación, tiempo después ocurrió lo inesperado, quedó embarazada. Posteriormente se fue a vivir con Jaime a casa de sus padres y comenzó el infierno.

SEGUNDO ABUSADOR

El tiempo seguía corriendo e iniciaron las agresiones, insultos, humillaciones, la golpeaba sin detenerse a pensar que ella estaba embarazada.

Por fin nace Ariana y sus primeros 2 años y medio de vida se convirtieron en un martirio, porque tuvo que ver cómo el padre golpeaba a su madre, la amenazaba, la insultaba, la creía poca cosa para él, por si fuera poco un día presenció a su abuela y tía cuando golpeaban a su madre, obviamente Maria se defendió, pero en algún momento quedó inconsciente, mientras la pateaban, recuerda que a lo lejos percibía una voz que gritaba: mamá,mamá,mi mamá, no le peguen…eso fue lo que la hizo volver en sí.

Se levantó, empujó a su exsuegra y bajó corriendo las escaleras desde el segundo piso, paso por el patio y se llevó a su hija, ya que para ese momento ya la habían bajado, aunque fue demasiado tarde, porque se quedó con esas fuertes imágenes.

Esa misma noche salieron corriendo con lo que llevaban puesto, no tenían dónde dormir, aunque hubo personas generosas que le dieron refugio para las dos, pero no faltó la llamada del exmarido para amenazarla diciendo: ¨ sino regresas a la casa te demando y te quito a mi hija¨, afortunadamente ya no regresó.

EL DOLOR Y LA FELICIDAD DE SER UNA MUJER INDEPENDIENTE

Al siguiente día se fue a trabajar con un ojo morado, la espalda adolorida por las patadas, los brazos marcados de dedos, aunque así siguió adelante, sus amigos y amigas del trabajo la apoyaron, pero el infierno no terminó ahí, porque Jaime siguió llamando, amenazando hasta de muerte.

En un momento ella decidió demandarlo para que su hija recibiera la pensión, él se salió de trabajar para no cumplir, solo cuando a él se le daba la gana le enviaba el gasto a su hija y bueno siempre fue un irresponsable, ya que quien siempre corría con todos los gastos era Maria.

Pasó un tiempo y Jaime llevó a su nueva esposa a su casa, en la misma que vivió María, pero incluso así él la acosaba e incluso seguía amenazando a Maria, porque creía que ella jamás podría sola con su hija.

Un día decidió María desaparecer con su hija, ya no permitió que Jaime viera más a la niña, ya que solamente la utilizaba para ejercer poder, no la cuidaba, dejaba que su mujer le pegara, incluso no le daban de comer, ni jugar podía, realmente no hacía nada por ella.

REDENCIÓN PAULATINA

Pasó el tiempo y conoció a un buen hombre, que la apoya siempre, no la maltrata ni física ni psicológicamente, todo lo contrario, la ama profundamente, ahora en su bella familia la conforman 4 integrantes.

Hoy en día María ya terminó una carrera universitaria, trabaja desde la comodidad de su hogar, Ariana es una niña muy feliz, con una hermana y un verdadero padre, una estabilidad emocional que realmente le ha hecho mucho bien.

Así como María tuvo el valor de hacer lo necesario para estar bien, lo último que nos dice es que cuando un hombre pega una vez lo hará una y otra vez, que jamás cambiará.

Afortunadamente ella se armó de valor y espera que, como ella, si tú, eres una mujer que sufre de este tipo de agresiones, pidas ayuda, que no calles, que alcen la voz, defiendas tus derechos y los de tus hijos, merecen una vida llena de amor y no de traumas, la vida de cada uno de nosotros es muy valiosa.

No más violencia contra nuestras mujeres, niñas y niños.

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