México a 100 años de la muerte de Emiliano Zapata

Mundo Rural

Esta columna debió publicarse la semana anterior por el aniversario 100 del asesinato del General Emiliano Zapata Salazar ocurrido el 10 de abril de 1919, sin embargo, nunca es tarde para comentar un poco sobre el tema.

El asesinato de Zapata en Chinameca, estado de Morelos, cometido por el General Jesús María Guajardo ocurre cuando el movimiento armado de 1910 estaba por terminar, aún humeaban los fusiles, aún no se apaciguaban las cosas en el empobrecido país, había hambre, pobreza, inestabilidad social, económica y política.

El movimiento armado de 1910 estalla por el estado de cosas que había en el país: pobreza extrema en la mayor parte de la población del país, concentración de las tierras en un grupo de latifundistas, un latifundista era dueño de cientos y miles de hectáreas, analfabetismo en más de un 80 por ciento de la población, ausencia de servicios en la mayoría de familias, en fin, fueron elementos que como un crecido río por la tormenta se desbordó por todos lados, los mexicanos no aguantaron más esa situación y se levantaron en armas, lo mismo que ocurrió en los Altos de Chiapas en 1994.

Emiliano Zapata, el caudillo del sur, orientó su lucha al territorio más pobre del país ( y que lo sigue siendo, Guerrero, Chiapas y Oaxaca, son aún los estados más marginados del país), en Ayoxuxtla de Zapata firmó el Plan de Ayala, y en Ixcamilpa de Guerrero inició la entrega de tierras. El Estado de Puebla, y en especial la Mixteca, tiene el privilegio no sólo de que aquí haya iniciado el Movimiento armando con los Hermanos Serdán, sino que un personaje de la talla de Zapata haya elegido tierras poblanas para tomar las medidas más importante del movimiento armado.

Zapata en 1910 vio con tristeza el mismo México que vio Luis Donaldo Colosio en 1994, ( 84 años después), un pueblo con hambre y sed de justicia, (quizás las palabras fatales que llevaron a la muerte de Colosio Murrieta), Zapata vio a su pueblo empobrecido, falto de alimentos, de vestido, de vivienda, de servicios, vio un pueblo sumido en la pobreza, un pueblo desnutrido y enfermo porque no había doctores, ni hospitales, ni medicina, un pueblo olvidado.

Zapata y los demás combatientes se levantan en armas porque no había justicia, porque la tierra y la riqueza se concentraban en pocas manos, era un puñado de privilegiados mexicanos y extranjeros los que se habían adueñado del país y sus riquezas, las leyes las hacían ellos para ellos, el pueblo no tenía derecho a nada, sólo tenía la obligación de trabajar con miserables salarios, eran casi esclavos de los ricos, de los terratenientes, las tiendas de raya eran el más claro el ejemplo de los abusos de los que controlaban todo y se habían adueñado del país.

Es estado de cosas llevó al levantamiento armado de 1910, era inevitable, era la consecuencia de todo lo que pasaba, durante muchos años se fue dando ese caldo cultivo de la inconformidad, hasta que explotó, era una bomba que iba a explotar en cualquier momento, y explotó el 18 de noviembre de 1910 aquí en Puebla.

Zapata centró su lucha en el campo, los campesinos empobrecidos eran el motivo de su lucha, no era un hombre instruido, pero tenía visión de lo que sucedía, le preocupaba mucho que las tierras del país estuvieran concentradas en pocas manos, por eso inició el reparto con un documento importante, el Plan de Ayala.

Después del asesinato de Zapata los gobiernos entregaron millones de hectáreas a los campesinos, una vez que se iniciaron los gobiernos constitucionales, cada sexenio se hacía una entrega masiva de tierras, el gobierno de Salinas mediante decreto y reforma a la Constitución puso fin al reparto agrario en 1994.

Pero quedaron muchas tierras por repartir, muchas haciendas no fueron tocadas, el 27 constitucional las protegía y las protege aún, una persona puede tener hasta 500 hectáreas ganaderas y cien de riego, una familia de cinco integrantes puede concentrar aún 2 mil 500 hectáreas bajo el amparo de la ley vigente.

Eso es lo que Zapata ya no vivió, él ya no supo lo ocurrido en Chiapas en 1994, estado marginado en donde un grupo de campesinos de los Altos decidió levantarse en armas, Chiapas había sido olvidado por los gobiernos, junto con Oaxaca y Guerrero.

A cien años del asesinato de Zapata tenían que haber cambiado las cosas por razones naturales, los cambios tecnológicos son muchos, el acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, ha crecido, sin embargo, aún hay pobreza en el país, sobre todo en los estados del sur, aún hay mucha tierra concentrada en pocas manos, aún hay muchas enfermedades en las comunidades, aún hay millones de hogares sin servicios y miles de familias sin vivienda, aún hay mucha migración campesina hacia las ciudades y el extranjero.

El México que vivió y por el que luchó Zapata aún existe a cien años de su muerte. En buena parte del campo mexicano aún hay hambre y sed de justicia. Por los campos de México, por los ejidos de México, sigue cabalgando el General Emiliano Zapata, su lucha aún no termina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Categorías