
Excelsior
A más de 1,500 metros sobre el nivel del mar, donde el aire quema los pulmones y el frío congela los recuerdos, los Patriots volvieron a escribir su nombre en la historia al regresar al Super Bowl por primera vez desde 2019.
Los Patritos vencieron en un duelo de defensivas 10-7 a los Broncos para vovler al gran domingo de la National Football League.
Denver recibió el Juego de Campeonato de la Conferencia Americana y terminó vestido de blanco. La nevada cubrió el Empower Field como si quisiera borrar el pasado, con el termómetro marcando -6 grados y una sensación térmica cercana a los -15. Pero hay historias que no se borran ni con hielo. Y hay dinastías que sólo estaban dormidas.
En un duelo de defensivas, los Patriots vencieron a los Broncos y aseguraron su regreso al Super Bowl por primera vez desde la conclusión de la era de Tom Brady y Bill Belichick, la dinastía que entregó seis Vince Lombardi y cambió para siempre la NFL.
Este no fue un partido de fuegos artificiales. Fue un encuentro en donde cada yarda fue disputada al máximo y donde una intercepción del profundo de origen colombiano, Christian González le aseguró a Nueva Inglaterra el viaje al Super Bowl en San Francisco.
Hace apenas un año, Nueva inglaterra era el último lugar del Este de la Americana. Un equipo sin identidad, sin rumbo, sin certezas. Hoy, bajo el mando de Mike Vrabel, los Patriots están a un partido de convertirse en el equipo más ganador de la historia del Super Bowl, rompiendo el empate histórico que han compartido con Pittsburgh.
Maye, el heredero de Tom Brady
Drake Maye, quarterback de segundo año y nuevo ídolo de Foxborough, no tuvo una actuación brillante en los números. Apenas 86 yardas por aire, pero entendió algo que muchos veteranos no. Este partido no se ganaba lanzando, se ganaba no perdiéndolo. Maye administró el juego, leyó el clima, el momento y la defensiva rival. Y cuando fue necesario, puso el cuerpo.
Su touchdown por tierra de seis yardas en el segundo cuarto empató el marcador y cambió el pulso del encuentro. En ese instante, en medio de la ventisca, nació oficialmente una nueva era. Un juego que se decidió en errores
Denver golpeó primero con un pase de Jarrett Stidham a Courtland Sutton. Sin Bo Nix, los Broncos apostaron por un quarterback que no lanzaba un pase real desde hacía dos temporadas. Stidham respondió con valentía con 132 yardas, un touchdown, pero cometió un error que fue determinante.
Denver paga caro sus errores
Wil Lutz falló dos goles de campo determinantes, oportunidades de oro que se perdieron en el aire helado de Colorado. En un partido de defensivas, esos errores son sentencias.
New Inglaterra tomó ventaja con un gol de campo de Andy Borregales en el tercer cuarto tras una serie eterna que incluyó 16 jugadas, 64 yardas, más de nueve minutos devorando el reloj y el ánimo local.
Con el partido aún al alcance, los Broncos intentaron un último empujón. Entonces apareció Christian González.
El esquinero de origen colombiano interceptó a Stidham en el momento decisivo, enterrando las aspiraciones de Denver y silenciando un estadio que históricamente había sido una pesadilla para los Patriots. Fue la primera victoria de Nueva Inglaterra en un juego de campeonato en Denver, un lugar donde habían caído una y otra vez en los años de Brady.
Esta vez, la historia cambió de dueño. La dinastía nunca se fue
Los Patriots jugarán su duodécimo Super Bowl, más que cualquier otra franquicia en la historia de la NFL. Y lo harán con un equipo completamente distinto, pero con el mismo ADN ganador.
Drake Maye no fue el héroe estadístico, pero fue el líder. El símbolo. El puente entre el pasado glorioso y un futuro que vuelve a ilusionar.
En un campo cubierto de nieve, con el frío mordiendo los huesos, los Patriots demostraron que las dinastías no mueren: evolucionan.
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