Nevado de Toluca, cierre indefinido ante la presión turística y el deterioro ambiental

EL VALLE

Toluca, Méx.- La masificación turística, los accidentes durante el traslado de visitantes, el ingreso de vehículos todoterreno y la pérdida de cobertura forestal, evidencian los desafíos que enfrenta el Nevado de Toluca para conservar su riqueza natural. Aunque las restricciones buscan reducir los riesgos y proteger el ecosistema, persisten deficiencias en la vigilancia, la coordinación institucional y la capacidad de las autoridades para frenar las distintas presiones sobre esta área natural protegida.

Desde agosto de 2025, el acceso al Nevado de Toluca permanece cerrado de manera indefinida, luego de los accidentes registrados durante el traslado de visitantes hacia el cráter. La suspensión modificó la dinámica turística del lugar y puso en evidencia las deficiencias de un servicio que, durante años, permitió transportar personas desde el Parque de los Venados hacia la zona de las lagunas.

El siniestro del 10 de agosto de 2025, cuando una camioneta que trasladaba visitantes volcó durante el ascenso y dejó una persona fallecida y 11 lesionadas, expuso los riesgos de esta actividad. A partir de entonces, la seguridad de los turistas y las condiciones en que operaban las unidades se convirtieron en temas centrales de la discusión sobre el manejo del área.

Maribel Osorio García, profesora de tiempo completo de la Facultad de Turismo y Gastronomía de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), explicó que anteriormente la visitación al Xinantécatl respondía principalmente a intereses recreativos y deportivos de habitantes de la región del Valle de Toluca y del Valle de México. Sin embargo, la difusión en redes sociales impulsó su posicionamiento como atractivo turístico natural y abrió oportunidades de negocio para operadores que comenzaron a ofrecer paquetes de visita.

Este crecimiento provocó una afluencia extraordinaria que no estuvo acompañada de mecanismos suficientes para ordenar el acceso. Como antecedente, en 2018 y 2025 reportes oficiales de la Secretaría de Seguridad de la entidad mexiquense documentaron que, durante un solo fin de semana en el que se registró una nevada que cubrió el coloso, alrededor de 24 mil personas intentaron llegar al cráter.

La cifra reflejó la magnitud que puede alcanzar la demanda turística en determinadas condiciones y evidencia la necesidad de contar con una estrategia permanente para regular la afluencia y prevenir la saturación.

El Nevado de Toluca, con una altitud aproximada de 4 mil 680 metros sobre el nivel del mar, alberga ecosistemas de montaña vulnerables al tránsito desordenado, al deterioro del suelo y a la presión sobre la vegetación y la fauna, e incluso su Programa de Manejo establece disposiciones para regular las actividades dentro del Área de Protección de Flora y Fauna, con el propósito de preservar sus recursos naturales.

Osorio García explicó que, mucho antes de la pandemia, ejidatarios de San Juan de las Huertas comenzaron a ofrecer traslados desde el Parque de los Venados hacia las inmediaciones del cráter. El servicio representó una fuente de ingresos para las comunidades y buscó concentrar el movimiento de visitantes en vehículos operados por habitantes de la zona.

No obstante, de acuerdo con la investigadora, algunas unidades eran utilizadas también para transportar productos agropecuarios, que aunque fueron acondicionadas para llevar turistas, las modificaciones no garantizaban necesariamente las condiciones de seguridad requeridas para prestar ese servicio.

La especialista consideró que faltó coordinación entre la comunidad y las autoridades ambientales para establecer criterios de calidad, supervisión y operación puesto que la actividad se concentró en los prestadores locales sin que existiera un esquema suficiente de diálogo y organización institucional.

El accidente de agosto de 2025 evidenció las consecuencias de esas deficiencias, ya que la posterior suspensión del transporte hacia el cráter modificó la experiencia de los visitantes y dejó pendiente la construcción de alternativas que permitan generar ingresos para las comunidades sin comprometer la seguridad ni la conservación ambiental.

La investigadora consideró que este cambio podría impulsar la profesionalización de los servicios turísticos, mejorar la atención a los visitantes y fortalecer el cuidado del entorno. Sin embargo, el cierre indefinido también tiene repercusiones económicas y sociales, por lo que una eventual reapertura requeriría condiciones claras de seguridad, regulación y protección ambiental.

A pesar de las limitaciones al acceso, el ingreso de vehículos todoterreno continúa siendo una preocupación para la conservación del Nevado, muestra de ello es que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) ha señalado que la circulación de vehículos tipo Razer dentro del cráter está prohibida por el Programa de Manejo, debido a los daños que puede ocasionar al suelo, el agua, la vegetación y la fauna.

La problemática no se limita a la difusión de videos en redes sociales, y es que en enero de 2026, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) informó de acciones legales relacionadas con el ingreso no autorizado de un vehículo todoterreno y la destrucción de vegetación forestal.

Estos antecedentes muestran que las prohibiciones deben acompañarse de mecanismos efectivos de vigilancia, inspección y sanción. La capacidad de detectar ingresos irregulares, cubrir rutas de acceso y dar seguimiento a las infracciones resulta fundamental para evitar que las disposiciones ambientales queden solo en el papel.

La conservación del Nevado presenta un panorama complejo, Osorio García señaló que la flora comenzó a regenerarse durante la pandemia, tiempo en el que disminuyó la presencia de visitantes. Sin embargo, esa recuperación no elimina las presiones que enfrenta el ecosistema.

La tala ilegal y el avance de actividades agrícolas y de pastoreo sobre zonas forestales constituyen otros problemas que requieren atención, puesto que la pérdida de arbolado debe documentarse mediante inspecciones, denuncias, registros forestales y comparaciones de imágenes satelitales que permitan identificar las áreas afectadas y las causas de su deterioro.

La recuperación de algunas especies vegetales no significa necesariamente que todo el bosque esté en buenas condiciones. Para determinar el estado real del ecosistema se requieren mediciones periódicas de cobertura forestal, regeneración de especies nativas y superficie afectada por actividades humanas.

La PROFEPA ha documentado intervenciones por extracción irregular de materiales pétreos y remoción de vegetación en zonas vinculadas al Nevado de Toluca. Aunque estos casos no prueban por sí mismos la existencia de tala ilegal en los mismos sitios, sí evidencian que las presiones sobre el suelo y la vegetación requieren inspección y seguimiento.

El cierre indefinido también ha expuesto los problemas de robos e inseguridad en el entorno del Nevado de Toluca, que si bien antes estaban presentes ahora son más evidentes.

La restricción turística, por sí sola, no sustituye una estrategia permanente de seguridad para habitantes, visitantes y prestadores de servicios. Por ello, resulta indispensable la coordinación entre las autoridades ambientales y los cuerpos de seguridad pública para prevenir delitos y atender las denuncias.

La protección del Xinantécatl no depende exclusivamente de la CONANP, requiere coordinación entre autoridades ambientales, cuerpos de seguridad, gobiernos municipales y comunidades asentadas en su entorno, así como reglas claras para regular la actividad turística y frenar las afectaciones a los recursos naturales.

El Programa de Manejo establece un marco para regular las actividades dentro del área protegida, pero su aplicación debe traducirse en acciones verificables, es decir, inspecciones, sanciones cuando correspondan, restauración de zonas afectadas y publicación de resultados.

La experiencia del Nevado de Toluca demuestra que promover un destino natural sin ordenar su crecimiento puede derivar en saturación, accidentes y presión sobre la vegetación. El cierre indefinido constituye una medida que modifica la afluencia turística, pero no resuelve por sí mismo los problemas relacionados con la tala ilegal, el deterioro forestal, la inseguridad y el ingreso de vehículos no autorizados.

La conservación efectiva del Nevado de Toluca exige una política permanente de vigilancia, aplicación de la normativa, restauración ecológica y participación comunitaria.

Finalmente, mientras estas acciones no se articulen de manera sostenida, el área natural continuará expuesta a presiones que van más allá del turismo y que comprometen tanto su riqueza biológica como el bienestar de las comunidades de su entorno.

 

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