Por Manuel CARMONA
En Puebla ya comenzó el desfile. Se levantan manos, se pronuncian nombres y se multiplican las declaraciones de quienes aspiran a gobernar la capital en 2027. En Morena, la lista incluye a Pepe Chedraui, Gaby “La Bonita” Sánchez, Alejandro Carvajal y Laura Artemisa, entre otros perfiles que orbitan alrededor de la candidatura.
La competencia apenas comienza. La ciudad, en cambio, lleva años esperando soluciones.
Todos parecen tener claro lo que quieren: la candidatura. Lo que todavía no queda claro es qué quieren hacer con Puebla.
Y ése es el pequeño detalle que suele extraviarse en la política mexicana: LA DIFERENCIA ENTRE QUERER GOBERNAR Y SABER GOBERNAR.
Puebla no es un premio partidista. Es una ciudad de millones de habitantes, con problemas de movilidad, inseguridad, calles deterioradas, servicios públicos deficientes, crecimiento urbano desordenado y una larga lista de pendientes que no se resuelven con fotografías, declaraciones, ni recorridos estratégicos para alimentar la popularidad.
Por ahora, el debate parece concentrarse en quién tiene más respaldo, quién aparece mejor posicionado y quién podría convertirse en el elegido de Morena.
Magnífico, pero…. ¿Y EL PROYECTO DE CIUDAD?
¿Dónde están las propuestas concretas para mejorar la seguridad? ¿Quién explica cómo resolverá el deterioro de las vialidades, el caos del transporte, la contaminación, la falta de agua o la expansión urbana?
Solo impera un enorme silencio, ó cuando menos, una ausencia de planteamientos públicos suficientemente integrales para conocer cómo pretenden enfrentar semejante desafío.
Ignoro que estén esperando los aspirantes para presentarnos sus propuestas. Lo que no necesitan esperar, es estudiar los problemas de Puebla. La ciudad no es un examen sorpresa.
En el caso de Pepe Chedraui, la pregunta es todavía más elemental: antes de solicitar otros tres años de confianza, tendría que demostrar qué problemas resolvió durante los primeros. LA REELECCIÓN NO ES UN PREMIO por haber ocupado el despacho; ES UNA EVALUACIÓN DE RESULTADOS.
Los demás tampoco tienen patente de capacidad por el simple hecho de pertenecer a Morena, ocupar una diputación o haber destacado en otra actividad pública.
Ganar una elección interna puede requerir relaciones, estructura y popularidad. Gobernar una ciudad exige algo más incómodo: conocimiento, experiencia, carácter, equipos competentes y decisiones que no siempre producen aplausos.
Porque cualquiera puede levantar la mano. LO VERDADERAMENTE DIFICIL ES, LEVANTAR UNA CIUDAD.
Si los aspirantes quieren que los poblanos los tomen en serio, deberían dejar de hablarnos de sus aspiraciones y empezar a hablarnos de sus soluciones. Con cifras, prioridades, presupuestos y compromisos verificables.
De lo contrario, la contienda de 2027 corre el riesgo de convertirse en un concurso, para ver quién consigue el cargo, no quién está preparado para ejercerlo.
Y PUEBLA NO NECESITA OTRO POLÍTICO ENAMORADO DE LA SILLA. Necesita a alguien que entienda la magnitud de la responsabilidad que pretende asumir….
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