Amputación: cuando perder una parte del cuerpo también implica reconstruir la mente

Staff/RG

  • “Todo era miedo. El miedo al qué dirán, cómo me ve la sociedad, cómo va a ser mi futuro y esto lleva consigo frustración y tristeza.
  • Pero con apoyo y trabajo personal entendí que una parte de mi cuerpo no significa quién soy yo”: Yaotzaneth Tonalli Díaz de León, atleta y embajadora de Ottobock México.
  • Entre 2 y 3 de cada diez personas amputadas desarrollan un cuadro depresivo: Bety Coppola, psicóloga clínica y tanatóloga.

Ciudad de México. – Yaotzaneth Tonalli Díaz de León tuvo acompañamiento psicológico y psiquiátrico durante el proceso de duelo, recuperación y rehabilitación tras la amputación de un pie a raíz del accidente en el que un autobús la atropelló. “Al principio mi mente no lograba asimilar todo lo que me estaba aconteciendo y la pérdida de una parte de mi cuerpo. Fue un proceso muy difícil y sentía mucho miedo, enojo, frustración e impotencia ante la incertidumbre de qué iba a suceder. Me preguntaba la típica frase de ¿por qué a mí?”, cuenta la atleta y embajadora de Ottobock México.

Posterior al evento de amputación se presentan distintas repercusiones en los aspectos psicológicos, sociales, económicos, y en las funciones sensitivas y motoras. “El acompañamiento para una persona que ha sufrido una amputación, que es considerado como un trauma, es decir, una herida, que te somete a un gran estrés físico, mental y emocional, con muchas pérdidas involucradas debe ser multidisciplinario”, destaca Patricia Ana Nicolls del Ángel, Psicoterapeuta y tanatóloga, quien agrega que es necesario igualmente dar apoyo especializado al círculo familiar cercano.

La persona pasa por lo que se conoce como las etapas de duelo. En primer lugar, la negación, en la que tiene que afrontar la pérdida, donde aparece la ira, el enojo, el miedo y la incertidumbre, en la que el sujeto se resiste a creer lo que está sucediendo, le cuesta trabajo entender cómo puede reorganizar su vida. Aparece el cuestionamiento y la culpabilidad. En la fase de negación se pueden presentar cuadros depresivos y episodios de tristeza profunda, describe Mario Enrique Reyes Vázquez, neuropsicólogo.

“En el hospital me brindaron acompañamiento psiquiátrico, que duró un año, porque en esta fase inicial del proceso de pérdida pasé por periodos de mucho miedo, incertidumbre, insomnio, ansiedad y depresión”, explica Yaotzaneth, quien agrega que este apoyo fue muy bueno para lograr gestionar y canalizar todas las emociones que estaba viviendo. “El miedo al qué dirán, cómo me ve la sociedad, cómo va a ser mi futuro y esto lleva consigo frustración y tristeza. Pero con apoyo y trabajo personal entendí que una parte de mi cuerpo no significa quién soy yo”, cuenta Yaotzaneth.

“En un caso de amputación, las personas empiezan a dudar en cuanto a su valor personal, porque una amputación no solo es un cambio físico, sino que sacude la forma en la que el amputado o amputada se ve a sí mismo y percibe su lugar en el mundo”, explica Bety Coppola, psicóloga clínica y tanatóloga para adolescentes y adultos.

“Posteriormente viene una etapa de negociación en la cual la persona empieza a tener cierto control sobre lo que está pasando y voluntad para adaptarse a esta nueva realidad. Finalmente, se da una aceptación, en la que la persona se adecua a su nueva condición y logra enfocarse en lo que tiene que hacer, lo que incrementa la probabilidad de seguir adelante y recuperar el sentido de la vida”, agrega.

El duelo invisible detrás de una amputación

En la fase de asimilación Yaotzaneth continuó con el apoyo psicológico, ya sin medicación, y en este punto se enfrentó “al qué dirán, aunque mucho era cómo me veía yo, ya que las personas se quedaban viendo mi cicatriz.”, explica. “El uso de la prótesis me generó incertidumbre, pero al mismo tiempo sentimientos de libertad y expectativa de tener una vida. Significó volver a sentirme completamente yo”, asegura Yaotzaneth.

“La ansiedad y depresión son frecuentes en estos casos. Estudios científicos han mostrado que entre 2 y 3 de cada diez personas amputadas desarrollan cuadros depresivos que pueden durar hasta un año”, destaca Bety Coppola. La experta explica que el duelo es un proceso que no es lineal y podemos tener episodios de depresión y tristeza profunda. Lo importante es recibir el acompañamiento a tiempo antes de haber desarrollado una depresión profunda que aumenta el riesgo de suicidio.

Hay muchas pérdidas de expectativas como la vida que imaginé, lo que quería hacer, el manejo del dolor que puede ser un inhabilitador, el trabajo del miembro fantasma, la pérdida de ingreso, en qué voy a poder trabajar, entre otras muchas. “La persona con amputación y sus familiares aprenden a vivir con la pérdida. Es un aprendizaje de que ya no voy a volver a ser la persona como era antes”, explica Patricia Ana Nicolls.

“Mientras el afectado vive todas esas etapas emocionales, sus familiares y seres queridos pasan por el mismo duelo porque la persona a la que aman ya no es la misma”, destaca Bety quien trabaja con la terapia cognitivo-conductual que busca que la persona se reconozca y pueda reencontrarse. “Con este método el paciente identifica cuáles son todas esas experiencias y emociones que debe transformar para tener una mejor calidad de vida”, explica la experta.

Además de escuchar y validar las emociones de la persona amputada, Bety Coppola trabaja lo que se conoce como logoterapia que se centra en la búsqueda del “sentido de transcendencia”. “La motivación y el sentido de vida es al final lo que va a mover a la persona a buscar su rehabilitación. El cuerpo y la mente se tienen que recuperar juntos porque si no lo hacen simultáneamente, la persona no lo logrará. En un caso de amputación, sentirse independiente es lograr sentirse dueño de su propia vida”, explica.

Se estima que menos del 15% de las personas que viven con una amputación en el país han recibido acompañamiento psicológico. “La mayoría de las personas que conozco con una amputación adquirida, no han recibido terapia psicológica”, asegura Yaotzaneth. En este sentido, ella recomienda buscar un círculo de apoyo que puede ser la familia o amigos, especialistas u otras personas con discapacidad que hayan pasado por vivencias similares. “Ellos deben validar las emociones y evitar sobreproteger”, cuenta Yaotzaneth y agrega que sentirse escuchado genera un cambio y que a ella también les sirvió mucho el deporte.

Los expertos concuerdan que buscar ayuda es la mejor recomendación. “Acércate a un profesional de la salud mental. Este tipo de acompañamiento no solo es solo para las personas que tienen medios. Hay grupos y centros de apoyo en rehabilitación”, recuerda Patricia Ana. Por su parte, Mario Reyes considera esencial el atreverse a compartir, a abrirse con lo que está pasando, con alguien de confianza y saber que no están solos.

“Perdiste una parte de tu cuerpo, no perdiste quién eres tú”, es el mensaje que resuena y se repite en las conversaciones. La experta en terapia cognitivo conductual, Bety Coppola, recomienda a la persona amputada que pida ayuda y preguntarse “qué sigue siendo importante para ti”; mientras que a los familiares y seres queridos pide que acompañen sin sobreproteger y trabajen en la escucha sin minimizar las emociones de la persona amputada.

Categorías