Por Teresa Mascarenhas
- En tiempos de tanta confusión, escuchar a quienes analizan la sociedad desde sus raíces se vuelve una necesidad.
Gustavo Forero— académico, investigador y creador del prestigioso congreso Medellín Negro— es un autor colombiano-español que ha dedicado su carrera a entender qué ocurre cuando las leyes fallan y el ciudadano queda desprotegido. Con la mirada de quien conoce ambos lados del Atlántico y a través de novelas como El innombrable o A la intemperie, Forero analiza en esta charla la crisis de Venezuela, la geopolítica actual y cómo la literatura logra denunciar verdades que la justicia a veces prefiere callar.
Gustavo, ¿cómo se siente un pueblo cuando deja de ser protagonista de su historia para convertirse en un tablero de intereses ajenos?
Lo preguntas, sin duda, por la situación de Venezuela, y creo que, en principio, la has descrito de modo sucinto y justo. Por mi parte, soy colombiano y ahora cuento con la nacionalidad española y por lo tanto no puedo responder como quisiera a una cuestión tan íntima. Solo puedo aproximarme a ese sentimiento del que hablas con una palabra que acaso me hermane con los venezolanos: indignación. Creo que un pueblo en tales circunstancias debe sentirse indignado. Servir de campo de batalla de intereses neocoloniales solo puede ir en detrimento de los derechos civiles. Como he dicho en otros espacios, Venezuela ha sido un país instrumentalizado en la geopolítica mundial. Ahora, con la invasión de Estados Unidos sufre dos dictaduras. Y todo en beneficio del gran capital y en prejuicio evidente de los ciudadanos venezolanos, de América Latina y de los países llamados injustamente “ Tercer Mundo”. En el marco geopolítico actual, todos podemos ser objetivos imperiales y Venezuela, como Gaza, ha sido tomado como campo de prueba de un proyecto imperial.
Has estudiado la anomia (vivir sin reglas). ¿Cómo se recupera la confianza del ciudadano cuando el Estado genera miedo y el vecino se vuelve un extraño?
La noción de anomia que he estudiado en mis trabajos académicos es, en efecto, una clave para entender la situación actual, no solo de los países latinoamericanos sino del planeta entero. En pocas palabras, como dices es vivir sin reglas. Para el caso de Venezuela, el desconocimiento del Derecho Internacional, el uso de la fuerza militar violando tratados internacionales, la intervención arbitraria en el país lo demuestran. Sin embargo desde un punto de vista llamémoslo optimista (la anomia positiva de Jean Marie Guyau), allí no debería restablecerse “ la confianza en un estado” que demuestra todavía su ilegitimidad, sino impulsar movimientos sociales, opciones democráticas y, por qué no, el fortalecimiento de otras formas de organización social, confiables y legítimas. La teoría clásica del Derecho hablaba de formas como cooperativas y federaciones que ya existen en el país y de confederaciones u organizaciones autogestionarias, ligas, alianzas o cantones regionales. En ese proceso, justamente pueden cumplir un gran papel de vecinos. Por años se ha evocado el proyecto de una Grancolombia que incluyese varios países suramericanos y recientemente el presidente Gustavo Petro de Colombia desempolvó el proyecto bolivariano para proponer mecanismos de colaboración y desarrollo social ente Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. Si, como dices, el vecino se ha vuelto extraño, debe restablecerse con urgencia su contacto y conformar con él las alianzas, organizaciones solidarias y fraternas, bien sea políticas, económicas o comerciales. El modelo de la Unión Europea resulta efectivo a la hora de hablar de estos proyectos supranacionales. Dada la situación geoestratégica de América Latina, una entidad suprarregional así sería un mecanismo efectivo de progreso pero también de control ante la arbitrariedad de los estados poderosos o el peligro de agresiones militares de Estados Unidos, Rusia, o incluso China. En este momento de la historia solo la unión de los países latinoamericanos aseguraría su independencia y soberanía.
¿Quién manda en la calle cuando el Estado reparte el poder con grupos armados?
En la misma lógica antedicha de la anomia optimista (que es toda una perspectiva teórica de la noción desde Guyau en el siglo XIX hasta autores como Hardt, M. y Negri, A. en Multitud. Guerra y democracia en la era del imperio, de 2004, y Matthieu Pigasse en La Lumiere du chaos, de 2023, se debe replantear eso de “quien manda” y en consecuencia la legitimidad de un Estado cuando “reparte el poder” y promueve la creación simultanea de “grupos armados”.
Justamente esta es una situación anómica que exige cambios. De nuevo se puede acudir a la teoría jurídica que cuenta con conceptos útiles para las organizaciones sociales como poder popular en reemplazo de élites de poder, autoridad legítima en reemplazo del poder arbitrario, organización civil frente a Estados represivos, pautas de convivencia en contra de mecanismos de facto y justicia social como base de toda organización social.
Entender esos principios de convivencia es la base para una transformación real. En esta línea deberíamos luchar los ciudadanos de toda América Latina. El voto no es la única herramienta que tenemos para participar en la organización social. Hay muchas más y tienen que ver con la consciencia y la movilización.
En El innombrable, exploras realidades inabordables. ¿Qué ocurre cuando la tragedia desborda el lenguaje?¿Puede el silencio literario decir más que cualquier discurso político?
Te agradezco la síntesis. En la novela El innombrable (2021) recreo una realidad atroz que, en efecto, limita el uso del lenguaje o puede resultar inabordable por el lenguaje (otra acepción de anomia según la DLE). No obstante, esta limitación lingüistica —la censura incluso — no implica el “silencio literario”. Justamente a través de las palabras la novela denuncia los discursos acalladores de los años setenta del siglo XX en Colombia y el mundo. En tal sentido, lo que busco con la novela es evaluar esos discursos y desconstruirlos.
Para la época, el Comunismo, era una respuesta social a la injusticia pero la palabra misma fue satanizada, como continúa siéndolo por las ideologías “globales” del capitalismo o el neoliberalismo. En El innombrable tanto el imperio como el Estado acallan las voces subalternas, sean de izquierda , comunistas e incluso religiosas (la Teología de la Liberación vive su época dorada pero la atacan la Iglesia ortodoxa del Vaticano o lo liberales). De lo que se trata es de reconocer las diferencias y respetar los discursos políticos alternativos. Solo así puede hablarse de convivencia.
¿Se puede llamar “hogar” a un país donde el ciudadano se ve obligado a usar una moneda extranjera para sobrevivir?
La identificación de la nación con una moneda que sirva de medio de pago en su territorio ha sido tradicionalmente fundamento de su soberanía. Así se concibe. No obstante, buena parte del planeta depende del dólar para sus transacciones comerciales. Los BRICS han intentado superar el monopolio económico incentivando las transacciones comerciales con monedas locales. India ha buscado eludir la red SWIFT y el Nuevo Banco de Desarrollo acepta préstamos en esas monedas. El proceso avanza y posiblemente fortalecerá el mundo multipolar del cual se habla en estos tiempos. Paradójicamente, la intervención de Estados Unidos y la consecuente inclusión de Venezuela en el mercado internacional puede significar un saneamiento de su política monetaria. Fortalecer la nación soberana debería implicar el uso corriente de su moneda. Desde mi punto de vista, sin embargo , si perduran sus circunstancias sociales, su aislamiento global y su dependencia de Estados Unidos, eso no será posible. Se requieren transformaciones fundamentales y de esto poco se puede decir en este momento.
Tu novela A la intemperie resuena hoy en millones de migrantes. ¿Qué queda de un país cuando su gente se ve forzada a echar raíces en tierras extrañas?
La migración masiva ha sido un hecho planetario, e histórico: ha tenido lugar en todas las épocas y obedece a crisis políticas y económicas. Desde los hebreos hasta los árabes, desde los fenicios hasta los indios, desde los rusos por la revolución hasta los españoles como consecuencia de la guerra y la dictadura. Países como México, Bangladesh, y Siria tienen los índices más altos de migración actual. Focalizar en tema en Venezuela o Colombia (cuyos índices son semejantes) debe incluirse en ese marco global y servir como referente para comparar: con lo que sucede en Cuba y Haití, para mencionar solo dos ejemplos latinoamericanos soslayados por los medios, o con Palestina y Ucrania. Analizar los movimientos poblacionales nos obliga hoy por hoy a pensar en el poder geoestratégico de las potencias. Millones de emigrantes surgen por las ambiciones imperiales de Israel, Estados Unidos y Rusia. Incluso China genera una inmensa población migrante de la cual poco se habla. Comparar casos implica entender y reaccionar. Entender los procesos migratorios, pero sobre todo, los móviles económicos y comerciales del fenómeno nos permitirá oponernos a normativas nacionales que afecten a los ciudadanos del un país y a los ciudadanos del mundo. La atracción que ejerce el petróleo o las tierras raras para los monopolios transnacionales y los megarricos de la humanidad es implacable y debe alertarnos a todos. Este es un hecho que define nuestra vida y exige nuestra oposición.
¿Ha logrado María Corina Machado tocar una fibra que la política tradicional olvidó? ¿Es la conexión humana, y no la estrategia, lo que guía una transición?
María Corina Machado representa fuerzas políticas acalladas en Venezuela. Una parte de los ciudadanos ve en ella una esperanza para el cambio. No obstante en el mundo (y en España, desde donde hablo) es percibida cada vez más como la encarnación de una élite tradicional de poder en perjuicio de las expectativas de la mayoría. Su extracción social, su proselitismo “exclusivista”, su proyecto reaccionario y pro imperial e, incluso, su actitud respecto del premio Nobel que obtuvo sinuosamente lo demuestran. En el contexto de la dictadura de Nicolás Maduro encarnó la oposición pero se ha alineado con los intereses estratégicos de Washington y. por lo tanto, con un neocolonialismo extractivista. No es muy díficil darse cuenta de que conspirar con Estados Unidos en contra de Venezuela configura una traición.
Fue galardonada con el máximo premio por procurar la paz pero celebra la acción violenta de Donald Trump. Su proceder le hace mal a Venezuela y al continente entero pues desconoce la historia infame de Estados Unidos en América Latina. Inspira la vuelta a la explotación colonial de sus recursos y a futuras intervenciones por la “seguridad de los Estados Unidos”.
Este proceder la descalifica como líder político. El propio Trump pasó por encima suyo y negoció con Delcy Rodríguez. Evidenció mundialmente su oportunismo.
En Venezuela una excarcelación no es libertad plena, ¿Qué le ocurre a una sociedad cuando el Estado usa la “libertad” no como un derecho, sino como una amenaza constante?
Creo que no podemos engañarnos frente a mecanismos de excarcelación mediáticos y coyunturales como los que se muestran en lo últimos días respecto de Venezuela. La intervención de Estados Unidos conservando el poder de los sucesores de Nicolás Maduro deja mucho que desear. La democracia no se ha restituido en el país. En este marco no es difícil considerar que la libertad —política, económica e incluso la de expresión — sigue en riesgo.
Si antes existía una represión, ahora hay dos, y en tales circunstancias la cárcel persiste como mecanismo de intimidación social y de represión efectiva. En este campo es deseable la movilización de los venezolanos y que gobiernos amigos y entidades internacionales vigilen el proceso (aunque la historia demuestra que esto es poco efectivo)
¿Crees que la literatura puede llegar a donde los jueces no llegan?
Por supuesto. Aunque desgraciadamente solo en términos intelectuales. La literatura evalúa realidades que el Derecho no puede asimilar del todo porque implica ideas, filosofía e historia que rebasan el campo del la ley. Por lo pronto, creo que hay novelas hispanoamericanas, que ilustran su potente efecto ideológico: de España, Lectura fácil (2018), de Cristina Morales, que habla sobre la situación jurídica de personas con discapacidad intelectual; o Ajuste de cuentas (2013), de Benjamín Prado, que expone los efectos de la crisis económica de principios del siglo XXI en el país y en los escritores; y de Latinoamérica, Noviembre de Jorge Galán (2016), que presenta detalles del asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos mujeres a manos del ejército salvadoreño, crimen conocido por la justicia española; Crímenes apropiados (2015) de Fabio Nahuel Lezcano, que toca el tema del poder arbitrario del diario Clarín en Argentina y su impacto en la libertad de expresión; o Las mujeres del alba (2019) de Carlos Montemayor, que recrea en diferentes voces un asalto guerrillero a un cuartel militar mexicano en 1965. Cada una de ellas ofrece una perspectiva lúcida de lo que es la justicia y, por lo tanto, apela al lector como ciudadano consciente. Mención especial podría hacerse de Bioy (2012), del escritor peruano Diego Trelles, que profundiza en las relaciones del Servicio de Inteligencia del ejército peruano con bandas sanguinarias de Lima: en estricto sentido el autor desarrolla en la novela la tesis de que la literatura puede incidir sobre la realidad, efecto que subyace en tu pregunta.
Eres el creador de Medellín Negro. ¿Cómo conviven en tu día a día el análisis de un investigador y la pasión del novelista al retratar realidades tan dolorosas como las que ocurren a diario?
Gracias por recordarlo. Fui director del Congreso Medellín Negro por diez años y hace tiempo, por vocación y profesión, realizo una investigación sobre un género literario que denomino Novela de Crímenes definido por la noción de anomia social de la que hemos hablado. Lo he hecho por pasión intelectual pero también creativa. Al tiempo de ello trabajo día a día en novelas que denuncian lo que considero injusticias sociales, limitación de las libertades o modos sociales de represión. Las dos tareas marchan al mismo tiempo, de modo armónico, y se alimentan entre sí. Busco una unidad entre la reflexión y la creación.
Finalmente, ¿en qué proyectos personales estás trabajando ahora?
Culmino una novela (Amerika, América) sobre el poder del imperio estadounidense en el planeta y, en particular, en América Latina: una muestra más de mis reflexiones en torno a la geopolítica contemporánea y el modo en que eso afecta la libertad de las personas.
Asimismo, adelanto otra novela (probablemente se llamará Piano) sobre la persecución a los artistas
— sobre todo a poetas y músicos— en sistemas autoritarios y su consecuente exilio.
Estos trabajos como los anteriores (Clemencia o sexo en Cáceres, Cuatro personajes en busca de un lugar, y Un lugar llamado Peñas pulido) buscan un editor confiable y demuestran la unidad ante la reflexión y la creación que he señalado antes.
¿Qué reflexión te gustaría dejar grabada en esta entrevista que aún no hayamos mencionado?
Quiero subrayar que tu labor e interés en mi trabajo literario y en la reflexión política tienen un gran valor. En un ambiente donde se privilegia la banalidad sobre lo fundamental y el comercio sobre los principios, constituyen una esperanza para la cultura. Mil gracias por ello.
Gracias, Gustavo, por tus sinceras palabras y por concederme esta entrevista. Tus reflexiones no solo nos invita a leer, sino a pensar en la justicia y en el papel que cada ciudadano juega en la historia de su propio pueblo.
You may also like
-
Raymix presenta “Soy Migajero” la primera rola nacida de las migajas de un pan
-
Inaugura Claudia Sheinbaum Viaducto Elevado en Tijuana, Baja California
-
Murió Catherine O’Hara, la mamá de Macaulay Culkin en ‘Mi Pobre Angelito’
-
Detenido en Atlixco por robo a comercio
-
En el primer semestre del año concluirán las viviendas para familias afectadas por explosión de Xochimehuacan: Mónica Silva