Columna de Opinión Política

Carlos González de la Calleja: ¿Política sin raíces ni gratitud?

Zacatlán, Puebla. — La política en la sierra no se construye solo con bardas pintadas ni lonas colocadas a media noche. Se construye con memoria, gratitud y respeto. Y de eso, parece andar muy corto el registrador público de Huauchinango, Carlos González de la Calleja, quien ahora ha decidido extender su campaña electoral hacia Zacatlán, generando rechazo y molestia entre los habitantes y actores políticos de este municipio.

Vecinos de distintas colonias de Zacatlán han reprobado que el funcionario —cuyo desempeño al frente de su oficina ya había sido cuestionado por algunos medios al exhibirlo haciendo proselitismo en horario laboral— pretenda instalarse en la localidad con lonas y pintar mensajes en muros públicos, cuando su gestión ha sido calificada por muchos como un verdadero fiasco.

Pero lo que más ha levantado ampollas no es solo su intención de buscar un cargo político fuera de su territorio, sino su falta de lealtad y gratitud. Varios actores políticos con trayectoria en la región han señalado con indignación que González de la Calleja llegó a donde está gracias al respaldo de Javier López Zavala, quien fuera su mentor y principal promotor político. Sin embargo, hoy que su antiguo guía se encuentra recluido en el penal, el registrador ni siquiera se ha acercado a visitarlo.

«¿Cómo es posible que abandone así a quien le dio todo?», se preguntan con frustración quienes conocen la historia política de la región. Esa actitud —dicen los políticos de antaño— habla por sí sola: si traiciona a quien lo hizo, ¿qué se puede esperar de quien ahora dice ser su nuevo padrino, el gobernador Alejandro Armenta Mier?

Cambiar de bando como quien se cambia de camisa y olvidar a quienes le tendieron la mano en los momentos difíciles no es habilidad política: es falta de palabra y de principios. Y la gente de Zacatlán, como la de toda la sierra poblana, valora antes que nada la lealtad y la congruencia.

González de la Calleja debería entender algo fundamental: ninguna campaña comienza pintando bardas; comienza siendo leal a quien te ayudó, honesto con tu gestión y respetuoso de los ciudadanos. Mientras siga sin comprenderlo, por más lonas que coloque y por más muros que pinte, siempre será un extraño en los lugares donde pretende ser bienvenido.

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