Abelardo Domínguez
Tenango de las Flores, Pue. — Más de trece horas de bloqueo, una persona fallecida y una tensión que se respiraba espesa en el ambiente. Así se resolvió —si es que se le puede llamar así— el conflicto que estalló en este pueblo dedicado al cultivo y comercio de plantas. Un paro que comenzó como protesta legítima, que se prolongó por horas sin que ninguna autoridad diera la cara, y que terminó teñido de tragedia: la muerte de un motociclista que quedó atrapado en medio del caos.

En charla con los manifestantes, la indignación era palpable. Apuntaron directamente al diputado Miguel Márquez Ríos, a quien señalan como responsable de agravar el conflicto. Según los plantearos, el legislador lejos de buscar una solución, ordenó que se arrojaran toneladas de piedras sobre el estacionamiento del mercado de plantas, bajo el argumento de que el lugar filtraba agua hacia la presa. Sin embargo, los pobladores lo desmienten: “Es algo que pasa desde hace años; cuando la presa sube de nivel se filtra, y cuando baja, todo vuelve a la normalidad. Nunca ha pasado nada grave”.

Lo que más enoja a la gente es la desconexión que perciben. Márquez Ríos, dicen, “no se asomó ni para ver ni escuchar”. Lo acusan de ser una figura que recorre la región solo en tiempos de campaña, privilegiando a sus allegados y olvidando a quienes realmente necesitan gestión. “Se la pasa haciendo campaña, pero cuando se trata de resolver problemas reales, brilla por su ausencia”, comentaron.

El cierre del estacionamiento, impuesto desde octubre del año pasado, los dejó sin un espacio vital para su actividad comercial. Sin lugar para estacionar y operar, sus ventas cayeron, sus ingresos disminuyeron y su sustento se vio amenazado. La protesta era, en el fondo, un grito de auxilio que nadie quiso escuchar… hasta que fue demasiado tarde.
Durante más de trece horas, el bloqueo se mantuvo firme. Policías municipales y estatales se limitaron a observar a distancia, tomando fotografías para informar a sus superiores, sin atreverse a intervenir ni a abrir una mesa de diálogo. “Tenían miedo de acercarse”, reconocieron los vecinos. Ningún representante del Gobierno del Estado de Puebla llegó para negociar. La indiferencia fue la única respuesta.

Fue la muerte del motociclista lo que finalmente movió las piezas. La tragedia obligó a las autoridades a reaccionar: se abrió la circulación, se mandó traer al diputado Márquez Ríos a la delegación de Gobernación y se inició una mesa de diálogo forzada por los hechos consumados.

Hoy, los plantenros de Tenango de las Flores se quedan con un sabor amargo: perdieron un día más de trabajo, perdieron a una persona y se confirmó lo que ya sospechaban: hay políticos que ven la región solo como votos, no como personas. Y mientras las autoridades estatales y el diputado en cuestión intentan minimizar lo ocurrido, la realidad les estalló en la cara: la falta de atención, la negligencia y la indiferencia pueden costar muy caro. A veces, cuestan una vida.