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El auge de la estafa amorosa: la IA automatiza el ‘love bombing’ y dispara el ciberdelito

 Universitat Oberta de Catalunya 

La conectividad digital ha transformado la manera en que establecemos relaciones, pero también ha abierto una nueva y oscura frontera para la explotación económica y la victimización psicológica: las estafas emocionales en internet.

La ciberestafa emocional utiliza la técnica psicológica del bombardeo de amor (love bombing) para manipular emocionalmente a la víctima y crear un vínculo muy intenso en el menor tiempo posible, con el objetivo de conseguir dinero o algún otro tipo de beneficio. A este potente mecanismo de seducción psicológica se le suma la irrupción de la inteligencia artificial generativa (IAG).

Según Check Point, América Latina se posicionó en 2025 como la región más ciberatacada a nivel mundial, superando por primera vez a Asia-Pacífico. Datos del Informe de prospectives de ciberseguretat 2026, elaborado por la Agencia de Ciberseguridad de Cataluña, indican que las estafas, en general, ya representan un 90,9 % del total de la ciberdelincuencia en Cataluña, y señalan que se producen 200 denuncias por ciberestafa todos los días (una cada seis minutos). Las previsiones de la agencia catalana sobre las ciberestafas encajan con las que también hacen los expertos en relación con las estafas emocionales: la IAG ya permite a los estafadores automatizar la creación de perfiles y conversaciones, y facilita la manipulación psicológica con tecnologías de ultrafalsificación (deepfake) o suplantación de voz e imagen. Este contexto tecnológico favorable para los estafadores hace pensar en un aumento de los hechos penales relativos a ciberestafas, que en 2024 fueron un total de 71.772.

La conectividad digital ha transformado la manera en que establecemos relaciones, pero también ha abierto una nueva y oscura frontera para la explotación económica y la victimización psicológica: las estafas emocionales en internet. Este ciberdelito, popularmente conocido como romance scams, es un tipo de fraude sofisticado y de alto impacto psicológico y económico donde los delincuentes (individuales o pertenecientes a organizaciones criminales) manipulan la necesidad humana de afecto y compañía para obtener beneficios financieros y/ o datos personales, para usarlos en su beneficio. Este fenómeno no solo causa pérdidas económicas a nivel global, sino que inflige un profundo daño psicológico a sus víctimas, quienes se enfrentan a la devastadora realidad del perjuicio económico sumado al hecho de que la relación amorosa solo fue auténtica para ellas.

El modus operandi tiene dos ejes principales:

Por un lado, generan un “perfil señuelo” meticulosamente diseñado, utilizando imágenes robadas o generadas por inteligencia artificial que representan a individuos atractivos, exitosos y dignos de confianza. A su vez, simulan dedicarse a profesiones que justifican una ausencia prolongada o una lejanía geográfica, como militares, ingenieros petroleros o cooperantes en el extranjero, creando una narrativa que hace imposible o escaso el encuentro físico con su víctima.

Por otro lado, chequean las aplicaciones de citas para detectar perfiles vulnerables, personas que dejan entrever necesidades emocionales no cubiertas, con rasgos de dependencia emocional.

Una vez que han seleccionado a sus víctimas, inician la fase de “love bombing” (bombardeo de amor), dedicando una atención acelerada e intensa cargada de afecto, halagos y promesas de futuro idílico con su víctima, utilizando la manipulación psicológica como principal arma. El objetivo no es la relación genuina, sino establecer un vínculo emocional profundo en el menor tiempo posible para cimentar la confianza. La estafa requiere paciencia y persistencia: el estafador invierte semanas o incluso meses para asegurar que la víctima esté emocionalmente enganchada antes de proceder con su objetivo principal: el fraude económico.

Una estrategia perversa que anula a las víctimas

La profesora de criminología de la UOC y directora del máster universitario de Ciberdelincuencia, Patricia Hernández, explica que el bombardeo de amor anula la capacidad de autoprotección de las víctimas. Esto supone un reto para abordar dicha ciberestafa: “Las personas confunden la intensidad con un interés amoroso real; entran en una telaraña de dependencia emocional, de la cual después es muy difícil salir”. La profesora de la UOC destaca que se despliega “una estrategia perversa para que la manipulación llegue al cerebro y anule a la víctima cognitivamente: se juega con la bioquímica cerebral y, una vez se entra en esta adicción a la adrenalina y las hormonas del placer, cuesta mucho desengancharse”.

Sobre la irrupción de la IAG en este tipo de ciberestafa, la experta advierte de que un chatbot puede generar perfiles e historias convincentes en cuestión de segundos. Los criminales dedican este tiempo a llegar a muchas más víctimas, por lo que hay una escalada de expansión del fenómeno. “La IA va mucho más rápido de lo que el ser humano puede integrar, y esto hace que el efecto y el alcance de este tipo de estafas puedan llegar a ser exponenciales”.

El peligro de revictimizar a las víctimas

A escala judicial, se trata de una ciberestafa que no es nada fácil de abordar. De hecho, en la mayoría de los casos, incluso se archiva o entra en vía muerta. “La víctima se siente avergonzada y muy herida en su autoestima. A menudo, la opción es esconder la herida y no denunciar para no sentirse juzgada por la sociedad y por el propio sistema de justicia”, apunta Hernández, quien avisa de que “el sistema judicial las revictimiza”. “Como el dinero se entrega ‘voluntariamente’, es difícil demostrar el engaño judicialmente, por lo que hay que interpretarlo desde un punto de vista más amplio”, explica. Por este motivo, la experta considera que es necesario que la sociedad sea más “compasiva” con las víctimas de un tipo de estafa al que todos podemos estar expuestos en algún momento de la vida.

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