Héctor A. Gil Müller
Como mexicanos nos encantan los inicios, celebramos el inicio de la independencia y no su final, el inicio de la lucha revolucionaria y pocos recuerdan el final. Estamos emocionados ante el inicio de la carrera, tanto que se vuelve irrelevante la meta a la que queremos llegar.
El inicio de un nuevo año significa una oportunidad para refrendar votos, deseos y propósitos en un inicio que, más que cronológico, se nos antoja simbólico. Inicia el enamorado su conquista portando flamantes calzoncillos amarillos, el magnate comienza su carrera usando prendas rojas, el viajero con las vueltas corriendo con maletas. Se entrega dinero, se comen uvas, se abraza en un brillante y emocionante inicio.
Todos, de una manera o de otra, hacemos ese balance entre deseos y propósitos, algunos conscientes e intencional, otros casual y desinteresado, pero todos llegamos a un cielo invernal que alberga estrellas que evocan deseos. Me gusta pensar que una estrella siempre da más que un solo deseo, porque hemos deseado tanto que quizá ya agotamos el universo con todas sus estrellas, y si no lo hemos hecho aun, entonces no hemos sido tan humanos.
Desde la tribuna que uno erige, como opinólogo, porque confío que sabe mucho aquel que camina por más distraído que sea, es fácil repartir consejos, asegurar que la opinión es verdadera y útil, pero pocas veces se reparten deseos y en los albores de un nuevo año lo que abundan son esos, deseos que anidan y que esperamos germinen más allá de un par de semanas, deseos que se vuelven propósitos cuando llevan algunas acciones y que aspiramos sean hábitos cuando se llegue al balance final del 2026.
Te deseo noches en paz, con la rutina de ser noches que llamamos normales. Deseo que los nudos de la vida y la garganta se te aclaren.
Que los pasos te hagan avanzar y que mientras andas no te olvides de dónde empezaste para que sigas anhelando a dónde llegar. Te deseo que no envidies, ni al que llegó mas allá que tu camino, y también deseo que no te envidien los que han llegado atrás. Deseo que no te duela saber que el hombre no respeta en el fondo, ignora en el medio y envidia en lo alto. Deseo que si el miedo cala sepas tratar tus pensamientos, que si la tristeza quema, sepas tratar tu cuerpo, si el estrés aprieta sepas tratar tu respiración y si la soledad cala sepas tratar tu corazón.
Te deseo tiempos de silencio, en los que recuerdes todos los sonidos. Te deseo que la experiencia del ayer te sirva en el experimento que es hoy y nutra la expectativa en el mañana. Que sea tu sí siempre sí, y que tu no sea no, porque de congruencia se hace todo y cuando ésta falta se es menos que la nada. Deseo que aprendas y que también enseñes porque en la vida se deja de estudiar para empezar a aprender. Te deseo un año pleno, con los retos y desafíos del tiempo, te deseo que si llueve en la tormenta estés afirmado en la roca, que en los picos elevados el viento no te mueva y en los valles verdes no te pierdas. Te deseo un año nuevo, en todo lo que necesite renovarse.
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