De la pintura a la poesía: la historia de Cristina Meza

Por Melissa Nungaray

En la escena artística mexicana, se encuentra Cristina Meza, una poeta y artista plástica nacida en Guadalajara, Jalisco, en 1997. Su historia no solo merece ser contada y explorada por su juventud, sino también por su impacto en el mundo de la literatura y las artes visuales. Con su poemario “Nada se mueve”, publicado por Ediciones El Viaje en 2019, Cristina Meza emergió como una voz influyente en la poesía contemporánea. Además, su obra ha sido incluida en diversas antologías, revistas y medios electrónicos de renombre, desde “Diez Balas” en 2017 hasta “La invención del presente” en 2023. Esta artista multidisciplinaria ha realizado exposiciones de pintura tanto en solitario como en colaboración, dejando una impresión duradera en el mundo de las artes visuales.

Como becaria del Festival Interfaz del ISSSTE-CULTURA San Luis Potosí en 2017 y del Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas en 2018, Cristina Meza se ha dedicado apasionadamente a su arte, y sus poemas han cruzado fronteras al ser traducidos al inglés y al italiano. En esta entrevista, exploramos no solo su trabajo artístico, sino también su filosofía y su perspectiva única sobre la vida y la creación. Descubriremos la relación entre la pintura y la poesía en su carrera artística, así como su habilidad para deconstruir símbolos, como el de la rata. Además, obtendremos una visión fascinante de la evolución de su estilo artístico desde su primera exposición en 2019 hasta la más reciente en 2023, así como sus pensamientos sobre cómo ve el futuro de su obra.

A medida que avanzamos en la entrevista, descubrimos la dualidad entre lo íntimo y lo público en su obra, y las fuentes de inspiración que alimentan su creatividad inusual. Esta entrevista es una ventana a la mente de una artista que no teme explorar lo desconocido y lo perturbador en busca de la verdad y la belleza. Les invito a sumergirse en esta conversación con Cristina Meza.

Entrevista:

Melissa Nungaray: ¿Quién es Cristina Meza y cómo describirías tu obra artística en pocas palabras?

Cristina Meza: —Cuando trato de definirme a mí misma pienso en una cita de Nahui Ollin: “Soy una llama que se devora a sí misma y nada puede extinguir”. En cuanto a mi obra artística, la considero interesada por lo extraño, perturbadora y puntual.

En tus obras poéticas, ¿qué te impulsa a explorar la dualidad entre lo íntimo y lo público en la experiencia humana?

—Justo me interesa cuando los límites de esa dualidad se corrompen. Pienso, por ejemplo, cuando viajo en el transporte público y miro a las personas hacer cosas que son comunes en el contexto privado como maquillarse, cortarse las uñas o sacarse vellos de las cejas. También está la cercanía involuntaria que roza piel contra piel sin que el placer sea un elemento necesario.
Me gusta compartir la mirada íntima de lo que creo relevante: los fantasmas que imagino en mi casa, la visión distorsionada del suelo que piso, el funcionamiento de mi cerebro. Compartir es de mis actividades favoritas sin duda.

¿Cómo te enfrentas al proceso de creación literaria? ¿Tienes una rutina o ritual creativo?

—Mi proceso empieza a partir de mis lecturas diarias. Los temas que me interesan llegan por periodos definidos, entonces selecciono algunos textos o libros que puedan guiarme, estos no son necesariamente literarios, también incluyo productos de otras características, como películas, videos, etc. Lo que sigue de eso es la estructuración, escribo todas las ideas que han surgido desde entonces y busco esquematizarlas como en un tipo de mapa mental. Este método aplica para todos los géneros, pero en el caso de la poesía también me gusta pensar en una selección de símbolos o elementos para delimitar el campo semántico de la obra y la relación que puede existir entre dichos símbolos con el propio mensaje del texto.

¿Qué te impulsó a combinar la pintura con la poesía en tu carrera artística?

—Creo que la vida misma. La pintura llegó a mí desde una edad muy joven. Mi mamá estudió un tiempo diseño de modas y toda la infancia la recuerdo dibujando. Empecé por ella, en un intento de imitarla, luego fui definiendo mi estilo. También, cuando era niña, mi abuela trabajaba haciendo el aseo en una galería de arte que quedaba en Av. Libertad, en Guadalajara. Se trataba de una antigua mansión restaurada que conservaba su estructura original de casa, tenía recámaras decoradas, una cocina amplia y un precioso jardín con una fuente llena de peces koi. Todas las tardes después de la escuela iba a ese lugar mientras mi abuela trabajaba. Se volvió mi primer hogar.
Recuerdo pasar horas observando los cuadros en las paredes, tratando de imitarlos y entenderlos. El director de la galería tenía mucho aprecio por nosotras, yo siempre lo consideré un amigo. Se llamaba Sebastián. Su persona ha sido una constante inspiración en mi vida personal y artística. Gracias a él tomé la decisión de encomendarme al arte, como si se tratara de una vocación divina. Por desgracia murió muy joven, pero trato de hacer un constante homenaje hacia él con mi obra.
En cuanto a la literatura, siempre he sido una lectora voraz. Desde muy pequeña mi mamá me asignaba lecturas, después fomentaba la conversación para detectar si había leído o no. Pasé por todos los libros de la casa y cuando los terminé comencé a comprar los propios. Otro evento importante fue aquella vez que en el kínder nos llevaron a ver una obra de teatro, se trataba de El fantasma de Canterville adaptada para niños. Quedé tan fascinada que cuando tuve la edad suficiente, me puse a leer todo lo que pude de Oscar Wilde, fue mi escritor favorito por muchos años. El deseo de escribir surgió a la par del amor a los libros. Escribo y pinto desde que tengo memoria y la insistencia me ha mantenido aquí.

En tu arte deconstruyes el símbolo de la rata, ¿qué significado o mensaje intentas transmitir a través de esta deconstrucción?

—Mi interés por las ratas inició el día que se metió una a mi casa. Sacarla fue una tarea complicada que requirió una estrategia para evitar matarla en el proceso. Más que sentir compasión por su vida, no queríamos lidiar con la tarea de limpiar la sangre o tocar un cadáver. En ese momento entendí que hay animales sin capacidad para adornarse con la muerte.
Después continué reflexionando sobre las ratas, su lugar en el mundo y estrecha relación con lo humano, como si se tratara de un hermano gemelo que tratamos de ocultar. Me interesa mucho la dualidad presa-depredador que constantemente cambia de rata-humano a humano-rata. Ese ejercicio creativo me ha permitido apreciar la relación humana con otros seres habitantes del mundo, como los insectos y las plantas.

¿Cómo describirías la evolución de tu estilo artístico desde tu primera exposición en 2019 hasta tu más reciente en 2023?

—Creo que recibir la primera oportunidad para exponer mi obra en 2019 fue un precedente en mi pintura. Desde que comencé a publicar temía sentir que la pintura y la literatura compitieran entre sí porque desde siempre recibo más comentarios de mi obra plástica que de otra cosa. Pienso que el arte visual es, por mucho, más accesible que el arte escrito y eso puede ponerlo en desventaja. Trataba de separar ambas perspectivas, la Cristina pintora y la Cristina escritora. Tras mi exposición “Variaciones de lo íntimo” entendí que no había necesidad de seguir haciéndolo; a fin de cuentas, se trata de mí y yo soy ambas cosas, en realidad soy muchas cosas. Esto me permitió explorar mi sensibilidad en todo lo que hago, me siento más libre desde entonces. Tal libertad me obligó a comprometerme con la disciplina y el ejercicio de pensar nuevos conceptos para después explorarlos. Mi última exposición representa ese compromiso, escogí el tema de las ratas y los fantasmas para exprimirlos hasta sentir que abarqué lo suficiente.

Has explorado temas como “Enfermedad y Muerte” en tus exposiciones. ¿Cómo abordas estos tópicos?

—Para bien o para mal, siento muy presentes ambos elementos en mi cotidianidad, por lo que hablar de ellos no fue difícil. Incluso puedo verlo como una necesidad que me atosigaba. Expresarme de manera oral nunca ha sido lo mío, entonces recurro a la imagen visual para decir lo que físicamente me es imposible. Quise aproximarme a estos conceptos desde distintos ángulos, la enfermedad como un ente que se aloja en el cuerpo y el pensamiento, mientras que la muerte es un final tajante que abre la posibilidad a lo paranormal.

¿Puedes compartir alguna experiencia memorable de tu primera exposición en solitario, “Variaciones de lo Íntimo”, ¿en Ciudad Guzmán?

—En ese momento pintaba un poco sin propósito. Cuando me ofrecieron exponer no tenía como tal un tema en común entre cuadro y cuadro, entonces recurrí al ejercicio de la reflexión para unir todos los elementos y presentar un proyecto sólido. En el proceso me di cuenta de que la intimidad, aunque no fuera tan clara en algunos casos, era lo único en común en esos trabajos. Fue la primera vez que me atreví a pensar en mi obra como un medio de comunicación concreto. Después, al ver el éxito que tuvo la exposición, de leer los comentarios que la gente dejó en el libro de visitas, me sentí motivada a seguir recurriendo a la reflexión como ejercicio creativo. Pensar y compartir son actividades inherentes a mi persona.

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración más inusuales?

—El internet. Me encanta estar viva al mismo tiempo que tengo acceso ilimitado a toda la información imaginable. Me considero una persona curiosa y es un gran placer poder resolver dudas cotidianas en segundos. Lo que más suelo consumir con intenciones artísticas es camp y contenido de terror. Siempre estoy dispuesta al asombro y este tiene formas muy variables; muchas veces llega como animales muertos que me encuentro en la calle, la sombra de mi cuerpo en mi habitación o videos de ballenas. Tengo una debilidad por estos mamíferos marinos, justo porque mi primera experiencia estética fue ver una ballena jorobada con su cría en el mar. Al inicio fue aterrador, me tomó años apreciar el miedo, la marea y su inmensidad.

¿Qué papel juega tu ciudad natal, Guadalajara, en tu arte y tu identidad como artista?

—Creo que es algo en lo que nunca había pensado. Reconozco que me encanta vivir en esta ciudad y también haberme criado en ella. Sin embargo, soy muy desapegada de los lugares y las cosas, podría estar en cualquier parte del mundo y sentirme igual. Pero transitar a diario por estas calles me recuerda que todo cuenta una historia. Disfruto ver cómo mis memorias se transforman conforme pasa el tiempo y los espacios juegan un papel importante en esa evolución.

¿Cómo imaginas que tu obra y estilo artístico evolucionarán en el futuro? ¿Hay algún proyecto en particular que estés ansiosa por explorar?

—Me emociona pensar en eso. Dudo que mis motivos artísticos cambien, pero espero encontrar nuevas líneas de exploración. Llevo un par de años interesada en la poesía mística, considero que mis últimos trabajos tienen su influencia, habrá que esperar un poco más para que se manifieste de forma más evidente en mi pintura y escritura. Por lo pronto queda trabajar para el perfeccionamiento de la técnica y leer todo lo que pueda.

Muchas gracias por la entrevista, querida Cristina Meza.

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