Miércoles, 25 Abril 2018 00:19

Lo obvio y no tan obvio de los protagonistas del debate presidencial: Un análisis más fenomenológico basado en la psicología de la envidia

Escrito por Dr. Alejandro Nenclares
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Los protagonistas del debate presidencial

Los actuales candidatos presidenciales en el debate de ayer dejaron ver interesantes rasgos de su personalidad, su manera de actuar ante la presión y buena parte del contenido y forma de su pensamiento.

Sin afán de ser favorecedor de uno u otro o convencer de algo, sino ser más objetivo e imparcial y brindar un análisis muy diferente a lo que abunda ya en los medios; como profesional de la salud mental es interesante observar e inferir algunos aspectos muy curiosos de los protagonistas.

Para ello me gustaría basarme en un aspecto muy importante de la creación de vínculos entre las personas: El fenómeno de la envidia. A decir de expertos en psicoanálisis contemporáneo la envidia se puede definir como la tristeza o el pesar por el bien ajeno, siendo su núcleo un dolor por no tener.

¿Quién sufre más envidia entre los candidatos?. Les guste o no ya existe un vínculo entre ellos, una emocionalidad parcialmente expresada.

Vayamos más a fondo del fenómeno; desde el núcleo de la envidia según expertos, ese dolor puede tener cuatro vertientes a donde dirigirse: Puede migrar hacia el temor de que si algo se posee se tema perderlo, es decir, los celos; puede orientarse este núcleo también hacia el fenómeno de la voracidad, aquella necesidad por llenar vacíos que siempre será insaciable y desea más y más.

La territorialidad es otra vertiente, esa conducta de “he ganado este terreno”, el cual no cederé, lo marco, lo protejo y ataco si me lo quieren quitar. Y por último, la envidia que ya hemos definido, ese malestar por desear lo que el otro tiene.

Desde esta visión, pues primero las damas: Margarita dejó ver el resentimiento hacia Ricardo de no haber sido la candidata electa por su entonces partido, muy probablemente le envidie. Por otra parte su discurso (reflejo del contenido de su pensamiento) es poco fluido, rayando en el histrionismo falso, falso porque se contrapone a sus orígenes y educación conservadora, por lo que no le va el papel de guerrera defensora de los valores a pesar de tener formación de abogada.

Le fue difícil despegarse de la sombra de su marido, al cual no envidia pero sí marcó un territorio para ella misma coqueteando con la victimización, “yo no tengo, no me dieron, no hubo equidad, soy mujer, vine sola y sé lo que es sufrir por esto y aquello, etc.”.

A menudo se le notaba sonrisa de nervios, temblor en la voz, poca seguridad y en una mezcla de estrés y desesperación al ser la única mujer, fue claro que envidia a los demás candidatos con partido quienes no le dedicaron gran importancia, denota más una participación por dignificación de su papel como única mujer, con un mensaje accidentado ligado a una supuesta empatía por los más desprotegidos que no conectaba con su lenguaje corporal de una forma natural, muy ensayado.

Por otra parte, Jaime Rodríguez “Bronco”, fue como la sal y pimienta del debate, hasta un toque cómico podríamos decir que puso al debate. No impresiona envidie algo, pues creo está claro para él que no tiene posibilidades, sin embargo en él sí se dejan ver ciertos rasgos de voracidad, es decir, sí desea al menos llenar ese vacío desde el hecho de buscar la candidatura, alimentar su voraz ego, contar a sus bisnietos que pudo haber sido presidente, acopiar seguidores al poner su whatsapp abierto, meter ideas que seguro sabía serían motivo de burlas y cientos de memes en las redes sociales tales como el moche de manos o su afición por los matrimonios, lo cual le dará más popularidad sin duda.

Es decir, está claro que quiere más y más a pesar de que no alcanzará el “objeto amado” pero de algo le llenará sus vacíos; sin duda, varios conectaron con él al mencionar que el cáncer en el país son los partidos y la opción son los menospreciados independientes, así en su discurso supo conectar con cierto sector de la audiencia asqueado de lo mismo de siempre.

También buscó dejar claro su territorio conocido y marcado, “en Nuevo León, esto y aquello, etc.”. Un personaje que impresiona muy disfuncional en sus relaciones interpersonales, tres matrimonios y por tanto dos fracasos no son buena carta de presentación, quizá de ahí el apodo de “Bronco”.

Eso sí, con un verbo manipulador de me vale y vengo a incomodar, sin ser un discurso genial se le vio seguro de ser quien es y al menos ayer se mostró a diferencia de otros, con un mayor nivel de introspección en sus errores y aciertos.

Por otro lado el candidato Pepe Toño, que representa al partido más repudiado entre el electorado, con una actitud de “soy inocente y además muy preparado” repetía su nombre en casi cada intervención, quizá se siente inseguro de no saber su identidad por el conflicto a quién representa, es decir, un claro corto circuito entre quién es como ciudadano versus el perfil del partido que lo designó.

Qué duro para ese señor, debe ser muy conflictivo venir de una aparentemente honesta formación de principios, valores y gran formación académica a representar a un partido que ha dañado a México como ya sabemos.

¿Qué podría envidiar además de un tono de piel homogéneo? Quizá el no ser el gran enemigo a vencer como sus antecesores candidatos de hace 6 y 12 años; esa hoy ausente posición de “seré el presidente pues mi maquiavélica maquinaria llamada PRI me lo asegurará”.

Dejó clara su envidia al nivel de aprobación de López Obrador, incluso comentó con cierta indignación el daño a su familia cuando sufrieron asaltos en la Ciudad de México bajo la gestión del Peje, eso sin duda duele.

Por otra parte su lenguaje corporal y discurso no logró ninguna emocionalidad, parecía que repetía los seguramente tan ensayados spots, de haberse mostrado deseando buenos deseos con su esposa en la época navideña ahora se vio parco, un tanto agobiado por ir perdiendo más y más territorio y con una muy pobre conexión a la audiencia.

No impresiona voraz pues el ofrecimiento de los tres departamentos de AMLO le pareció una más de las farsas de aquel, se sabe preparado y en lo personal satisfecho, intentó atacar a Anaya y a AMLO con un perfil de como quien prende un cuetón y sale corriendo pues no le fuera a explotar en la mano.

Impresiona con un conflicto interno de saber que es muy difícil defender lo indefendible y repudiado por la mayoría con una gran cola que le pisen que no exactamente nace de su cuerpo.

Por otro lado Ricardo Anaya, con un lenguaje coherente, bien estructurado, dirigido y combatiente hacia el candidato a vencer, llama la atención lo frecuente que parpadea y hasta medio cierra los ojos, quizá sufre de presbicia o algo similar o su nerviosismo se expresa con un excesivo parpadeo, aunque se le vio seguro y sabe puede mover la aguja un poco, acertadamente su discurso se ve estudiado, con un estilo de abogado que no parece conectar gran cosa con un sector de población más tendiente al mensaje simple y sencillo como tipo “no voy a fallarles”.

Le costará mucho hacer que otros a su parecer abran los ojos cuando él mientras habla parpadea tanto, sin embargo lanzó preguntas y confrontaciones objetivas que incomodaron a AMLO pero sólo al nivel de unos cuantos rasguños.

¿Qué envidia Ricardo? Al parecer poca cosa, viene de una familia acomodada y con alto nivel educativo, quizá pudiera envidiar la facilidad con la que AMLO mueve a masas con mensajes de amor, paz y cuasi mágicas soluciones, el no tener esa fuerza de convencimiento ni poder aprovechar el enojo y desencanto de las masas con los gobiernos de los últimos 12 años.

Sí se le ve voraz, con una actitud de que pasaría por quien sea para lograr lo que quiere, diría que sí tiene celos a AMLO en cuanto al “amor y lealtad” que le muestran las mayorías enojadas con los gobernantes del llamado PRIAN.

Por último Andres Manuel, un festín de todas las aristas a las que puede vérsele a la envidia. Por un lado, sí envidia el poder, lleva años haciendo eso, aquel dolor de no haber sido reconocido en otras elecciones lo llevaron incluso a proclamarse legítimo presidente y cerrar vialidades.

Ahora está más confiado pues encabeza las encuestas, pero eso no le resta la otra cara de la envidia, los celos.

El temor de perder lo amado, el temor de perder le roben la elección le ha disminuido pero en su lenguaje corporal al cruzar los brazos denotaba una actitud de defensiva y rechazo y a la vez de auto protección, un “nada me quitará lo que tengo”; va arriba en las encuestas y ya aprendió que la vía del enojo y agresión no le funciona, opta por la paz y el mensaje mesiánico y de salvador que pasará a la historia, sin embargo en su expresión facial se deja ver claro el enojo y hartazgo pero prefirió no dar más material, ya tuvo un grave infarto y una actitud de “síganle contra mí, no me importa” era más sano.

Sin duda hay voracidad y territorialidad en él, pero ya de manera crónica, sólo que el estilo que ahora usa para marcar su territorio y no perder terreno es la vía del no ser más esclavo de sus palabras y sí dueño de lo que calla, la vía de la cautela y el mensaje simple, trillado y de supuesta honestidad del que se jacta, parecía que repetía todos sus spots igual que Pepe Toño.

Pero más que cautela es evasiva su conducta, rodear el charco y ni salpicarse un poco. Cuida sus palabras fácilmente pues el curso de su pensamiento en el área de su cerebro donde lo procesa está al parecer muy desfasada del área motora de su boca, de ahí la lentitud y pausas frecuentes de su discurso que le permiten cuidarse de ello, nada conveniente para el formato de debate que propone el INE y no significa que de su boca no salgan propuestas mal estructuradas en contenido o tengan que ser muy simples pues algo más complejo su pensamiento tardaría mucho en articularlo en su boca y lengua.

El señor ya está cansado, se le nota el hartazgo y ansía que llegue ya el domingo de la elección. Discutir con los adversarios le da pereza, está pecando de exceso de confianza, quizás subestimando a sus rivales.

Finalmente, quien ganó o perdió lo dejamos a consideración de cada quien, gana el que menos envidia, ya que sufre menos, gana el que no teme perder lo ganado.Mucho depende de los vacíos que uno traiga desde las tempranas etapas del desarrollo, en este caso, del desarrollo de sus carreras políticas.